EL CUIDADO PASTORAL CONTÍNUO DE LOS PRISIONEROS

Uno de los primeros ministerios de Eugenio fue con los prisioneros de Aix y deseaba continuarlo a través de los Oblatos, según escribió en las Reglas:

Art.1. Nunca olvidemos que uno de los principales fines de nuestro Instituto es ayudar a las almas más abandonadas. Por esta razón, los desafortunados presos de las cárceles tienen todo el derecho a reclamar la caridad de nuestra Sociedad.
Art. 2. Asistiremos, además, a los prisioneros tan lejos como las circunstancias lo permitan, visitándoles frecuentemente, por lo menos los domingos, y enseñándoles sus deberes religiosos.
Art. 3. Sobre todo, nos esforzaremos por traerles a la confesión mediante las más dulces exhortaciones y, también, a recibir, de tiempo en tiempo, la Sagrada Comunión.

Regla de 1825

Rey, el biógrafo de Eugenio comenta:

El ministerio de la casa de Aix iba en aumento. En los primeros meses de 1821 los Misioneros de Provenza se hicieron cargo del cuidado de las prisiones. Hasta entonces habían sido capellanes voluntarios y ahora se convertían en los capellanes oficiales. El P. Moreau fue el primero en realizar este ministerio y le escribió al P. de Mazenod:

“Me causa inmensa alegría cuidar de los infortunados prisioneros. Envidiaría a quien quisiera tomar mi lugar. Si fuera su deseo darme mayor prueba de su preocupación, sólo habría de confirmarme en esta sublime ocupación. Asisto diariamente a la prisión. Hoy estuve ahí por tres horas y media. Un gran número de ellos desean seguir mis recomendaciones para su salvación. Sé que no debería asombrarme por los hermosos exteriores, pero me conmueve hasta las lágrimas la alegría de ver la cooperación de la mayor parte de ellos.”

Carta de Noel Francois Moreau a Eugenio de Mazenod, Agosto 3, 1821 en Rey 1

 

“Mientras más pienso en el sufrimiento humano en nuestro mundo y mi deseo de ofrecer una respuesta paliativa, más me doy cuenta de cuan crucial es no permitirme quedar paralizado por los sentimientos de impotencia y culpa. Es más importante que nunca ser fiel a mi vocación de realizar bien las pocas cosas que soy llamado a hacer y aferrarme a la alegría y paz que me brindan. Debo resistir la tentación de permitir a las fuerzas del mal llevarme a la desesperación y hacerme una de sus muchas víctimas”.    Henri J. M. Nouwen

 

 

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