UNA CARTA ANÓNIMA FRACASA

Mientras Eugenio estaba tratando con el ministro, una carta anónima llegó de Aix denunciándole. La carta tenía toda la pinta de haber sido escrita por unomde los sacerdotes de la ciudad que estaba contra Eugeno. Él narra:

Podéis decir en toda la ciudad, mi querido amigo, para consuelo de las gentes de bien y para desesperanza de los malos, que estamos aprobados por el Gobierno y autorizados a seguir con «las funciones» que hemos «tan felizmente iniciado». Son los propios términos de la carta que el Ministro acaba de dirigir «al Sr. de Mazenod, superior de las Misiones de Aix». Notaréis que el Sr. de Mazenod, no había asumido jamás esa calidad de superior hablando o escribiendo al Ministro, aparentemente para dar un mentís, al autor de la carta anónima que me denunciaba ante el Ministro, calificándome, tantos son los miramientos que tiene para mi persona, como «un cierto Señor de Mazenod, sacerdote de esta diócesis, llamándose misionero».
Sí, querido, ¿lo creerías?; en medio de ese concierto unánime, como dice también el Ministro, de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares que se apresuran a expresarle de mí y de nuestra obra, los testimonios más halagadoras, se ha elevado la voz de un mal anónimo que ha denunciado al Señor de Mazenod, que se dice misionero como un hombre cuyos principios sobre la jerarquía son muy peligrosos, que se ha atrevido a enseñar públicamente en las catequesis que el Papa es infalible, que está en guerra declarada con todos los párrocos de la ciudad, contra el cual esos mismos párrocos han formulado una queja jurídica ante los Srs. Vicarios Generales por una injuria grave que había sido cometida contra ellos, etc, etc.
Su Excelencia ha quedado indignado de la negrura de ese hombre, hacia el cual ha manifestado un soberano desprecio. No deja por ello de estimar que ese tal Señor de Mazenod, del cual ha quedado muy contento y que no ha juzgado ni mucho menos tan peligroso como el Sr. Anónimo.

Carta a Henri Tempier, el 5 de Agosto de 1817, E.O.VI n.19

El efecto de la carta fue dar al ministro la oportunidad de mostrar el respeto del gobierno hacia Eugenio y de animarle en lo que él estaba haciendo en Aix. En lugar de destruir la causa de Eugenio, la ensalzó. unos pocos días después el ministro recibió una carta de cutro párrocos de Aix, denunciando oficialmente a eugenio por «el insulto que les había arrojado». El ministro se negó a realizar ninguna acción y les remitió a las autoridades diocesanas. La iniciativa había fracasado y los pastores habían perdido este asalto, pero continuarán con sus ataques unos pocos meses después. el corazón del conflicto no era la tensión entre personalidades, sino que versaba sobre la cuestión de la supervivencia de los Misioneros de Provenza

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