CON EL MÁS PROFUNDO DOLOR LES HAGO SABER DE LA MUERTE DEL BUEN Y SANTO P. MIE

Con el más profundo dolor les hago saber de la muerte del buen y santo P. Mie 

Carta al P. Jean Baptiste Mille, Marzo 11, 1841, EO IX núm.  726

Así anunció Eugenio la muerte de uno de sus primeros compañeros, con quien fundó a los Oblatos en 1816. Pierre Mie y Henri Tempier fueron los dos únicos fundadores que perseveraron como Oblatos. Es por ello que dedicaré algunas de nuestras reflexiones a esta figura Oblata.

Nacido en 1768, tenía 21 años de edad cuando se desató la Revolución en Francia y casi había terminado sus estudios de teología para el sacerdocio en el seminario en Aix. Tuvo que interrumpir sus estudios para no tener que hacer juramento de lealtad al gobierno revolucionario. Trabajó como maestro y ayudó a los sacerdotes que permanecieron fieles a la Iglesia, además de realizar ministerio en las aldeas en forma secreta. Seis años después, cuando la persecución del clero se había hecho más violenta, había una gran necesidad de ministerio sacerdotal, por lo que fue ordenado en secreto.
 
Sus primeros años de sacerdocio transcurrieron en la aldea de La Fare, donde trabajaba como aprendiz de sastre en el día y realizaba ministerio sacerdotal en secreto por las noches. Jeancard describe:
 
Mie volvió a La Fare, donde ejercía el santo ministerio en secreto.  Para ocultar su verdadera misión apostólica, se hacía pasar por aprendiz de un sastre local. En el día parecía estar ocupado en el taller del sastre, un buen católico que conocía la situación secreta de su supuesto aprendiz, y por la noche se ocupaba de su tarea sacerdotal. Tal vez no se dedicara mucho a aprender su oficio como sastre, pues no avanzaba en él, además de no tener la menor habilidad.  La gente que no sabía de su verdadera ocupación se sorprendía de que siempre hiciera lo mismo, sin éxito.  Esto no le preocupaba y soportaba sin decir palabra los reproches de uno de sus parientes respecto a su incapacidad como aprendiz: no sabía que la ocupación de su sobrino era más que hacer ropa.
Sin embargo, en el área era conocido como sacerdote y no le representaba ningún riesgo; la hostilidad se había calmado y quien no había dejado de ser llamado Padre Mie, les parecía más un sacerdote que sastre.

“Notice sur le révérend père Mie”, en Missions, 5 (1866), pág. 435

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