ME DEJÉ LLEVAR A ABRIR MI CORAZÓN Y EXPRESAR DÉBILMENTE LO QUE PIENSO Y NUNCA PODRÍA DECIR

Como Vicario General de su tío, el Obispo Fortuné, Eugenio había tenido que ser quien cambiara algunas situaciones e incorporar disciplina en el clero, que había carecido de un obispo residente por más de 20 años y muchos se habían convertido en “obispos” independientes en sus parroquias, por lo que resentían cualquier interferencia del Vicario General a nombre del Obispo Fortuné. 

Doy gracias a Dios por haberme iluminado mediante crueles experiencias. ¿No me había dicho muchas veces, que después de haber encontrado tantas personas que se levantaron contra mí como una injusticia, ésta provenía tal vez menos de la envidia y resentimiento por los proyectos y las reformas necesarias, que de no conocerme? Et vidi quod hoc quoque esset vanitas. ¿No he sido desconocido, despreciado, calumniado, odiado, por quienes me conocían bien o al menos habrían podido conocerme al vivir conmigo, viéndome actuar, por aquéllos que no solo habían visto mi excesiva bondad, sino sido objeto de ella; a quienes había colmado de favores? Vanitas vanitatum et omnia vanitas… et vidi quod hoc quoque esset vanitas [Qo 1,2; 2,2].

¿Cómo he escrito todas estas cosas? Eructavit cor meum [Sal 45 (44) 2]. Me dejé llevar a abrir mi corazón y expresar débilmente lo que pienso y nunca podría decir. Volvamos a nuestro Diario.

Diario de Eugenio de Mazenod, Marzo 31, 1839, EO XX

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