SAN EUGENIO EL NIÑO – EN SUS PROPIAS PALABRAS

Esta serie de reflexiones diarias sobre los escritos de S. Eugenio de Mazenod se han publicado desde 2010. En estos diez años, hemos cubierto sus escritos hasta el 1839. A veces es bueno hacer una pausa para orientarnos otra vez.

Por lo tanto, en estas próximas semanas, publicaré nuevamente una serie que recuerda los puntos fundamentales de su vida, utilizando sus propias palabras.

El 1 de agosto 1782 – nacimiento en Aix en Provence. Hijo de Charles Antoine de Mazenod, Presidente del Tribunal de Cuentas, y de Marie Rose Joannis.

Mi corazón no ha cambiado con la edad. Es idólatra de la familia. Me dejaría cortar en pedazos por algunos miembros de mi familia, y esto lo extiendo bastante lejos, porque daría mi vida, sin dudar, por mi padre, mi madre, mi abuela, mi hermana y los dos hermanos de mi padre.

Amo en general con apasionamiento a todos aquellos de quienes me creo amado; pero también exijo que me quieran con apasionamiento. De este modo, la gratitud es un reflejo más de la efervescencia de mi corazón.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

Es difícil creer que a pesar de un carácter como el que acabo de describir, sea el mío un corazón sensible; pues lo es, hasta en exceso. Sería demasiado prolijo citar todos los rasgos de mi infancia que me han contado y que son verdaderamente sorprendentes.

Era habitual diera mi desayuno, aún cuando tenía hambre, para calmar la de los pobres, llevaba leña a los que pretendían tener frío y no tener medios para procurárselo, llegué un día hasta a despojarme de mis vestidos para vestir a un pobre, y mil cosas parecidas.

Autorretrato de Eugenio para su director espiritual, 1808, E.O. XIV n. 30

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