“Los he llamado amigos, porque les he dado a conocer todo lo que he oído de Mi Padre.” (Juan 15:15)
“¿Cómo me ama Dios y cómo reflejo este amor a los demás?” Esta es la pregunta que Jesús nos explica en el Evangelio de hoy (Juan 15:12-17). Se trata de un amor expresado no en conceptos abstractos, sino en las relaciones cotidianas. A través de nuestro bautismo, Jesús nos convierte en participantes permanentes de su relación con su Padre, no como siervos, sino como amigos llamados a la intimidad expresada en el amor.
En el comentario diario de San Eugenio:
¡Que el amor de Jesucristo esté siempre en nuestros corazones! (1814)
que me llamaba a dedicarme al servicio y la felicidad de mi prójimo, al que amaba con el amor de Jesucristo por los hombres. (1839)
En estos días hay esperanza, confusión y temor en nuestras vidas: luchamos por comenzar a restaurar la normalidad en nuestras actividades e interacciones, y sin embargo aun encontramos la amenaza desconocida del virus.
En esta situación de incertidumbre recordemos que lo realmente importante es la convicción de ser “llamados amigos” verdaderos, y que a partir de ahí somos invitados a vivir cada uno de estos días.
