LA SEMANA SANTA CON SAN EUGENIO: JUEVES SANTO Y ESA COMUNIDAD MISIONERA QUE REALMENTE SE ASEMEJA AL CENÁCULO

Después de su triste experiencia con la liturgia del Jueves Santo en el Royal Palace, le escribió a su comunidad diciéndoles que estaba unido a ellos

para consolarme, me trasladé en espíritu a aquella sala, verdadera imagen del Cenáculo en la que los discípulos, preparados por las lecciones habituales que reciben en la Sociedad, penetrados del espíritu del Salvador que vive en ella,
se reúnen en el nombre de su Maestro, y representan a los apóstoles de los cuales Jesucristo pudo decir: “vos mundi estis”, [ed Juan 13, 10 “y vosotros estáis limpios”]
esperando en el recogimiento y silencio que el representante del Maestro entre ellos, después de haber oido pronunciar el mandamiento del Señor, “mandatum” [ed. El mandamiento de amarse los unos a los otros], se postre a sus pies,
les lava, apoya sobre esos pies que han sido bendecidos y preconizados miles de años antes por los profetas, porque son los pies de los evangelistas del bien [ed. Isaías 52, 7 “Qué hermosos son los pies del mensajero que trae la dicha], de los predicadores de la paz,
apoya, digo, respetuosamente sus labios sobre esos pies de los que salen para su corazón dardos de llamas que lo abrasan, una fuente de agua viva, que le deleita y viene a extenderse por sus ojos.
¡Qué emoción general!, ¡qué sentimientos!, ¡qué fervor!

Carta a Hippolyte Courtès, 27 Marzo 1823, EO VI n 98

 De este modo tan poético, Eugenio describe una vez más el modelo de Jesús en medio de sus discípulos enseñándoles, con palabras y con obras, y llenándoles de celo para salir y ser sus misioneros.

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