LA SABIDURÍA DE DIOS, COMO ÚNICO CIMIENTO SEGURO

Al verse envuelto en las dificultades ocasionadas por la crisis de Icosia y la absoluta incertidumbre sobre lo que el Gobierno francés le permitiría hacer, o incluso si le sería permitido volver a Francia, Eugenio se centra en discernir la Sabiduría de Dios, quien nunca le abandona. 

Procuro, querido amigo, mantenerme cada vez más en lo que le comentaba en mi última carta: reconocer en los acontecimientos y hasta en la voluntad de los hombres a la Providencia, que gobierna todo con su sabiduría “(la Sabiduría) despliega su fuerza de un extremo a otro, y todo lo gobierna con acierto” (Libro de la Sabiduría 8.1), y que las criaturas que ponen su confianza en Dios y lo invocan en sus necesidades, no son olvidadas “… reconocemos que te pertenecemos.” (Libro de la Sabiduría 15.2). Es lo que necesito cuando me siento contrariado por haber seguido lo que creía mejor, contrario a lo que habría decidido, sea por deferencia a la opinión de los demás o por cualquier otra razón, sobre todo cuando se presentan inconvenientes difíciles de superar.” 

Carta a Henri Tempier, Octubre 28, 1833, EO VIII núm. 470

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