NO BASTA CON GEMIR, HABRÍA QUE HACER RESONAR POR TODA LA TIERRA EL GRITO DE LAS MÁS FUERTES PROTESTAS

En vista de las leyes de 1828 que afectaban el papel de la Iglesia en la educación cristiana, prohibía a los religiosos enseñar, impedía los seminarios menores y expulsaban a los Jesuitas, Eugenio fue llevado a la acción.

La ordenanza que, expulsando a los jesuitas, priva a todas las familias cristianas del reino, del único medio que les quedaba para educar a sus hijos en los principios de nuestra religión y preservar sus costumbres del terrible contagio que propagan los colegios de la Universidad, es un crimen público que cuenta como cómplices a quienes  la aprueben.

Para empeorar todo, fue un Obispo católico en el gobierno quien había publicado todas esas leyes:

El escándalo de ver a un obispo refrendar esa ordenanza y provocarla con un informe indignante, es también un atentado que tampoco será fácil reparar. ¿Cómo expresar el dolor que siento a la vista de tan graves desórdenes? Lo comprende usted que comparte tan bien mis sentimientos. No basta con gemir; habría que hacer resonar por toda la tierra el grito de las más fuertes protestas…

Carta a Henri Tempier, Junio 24, 1828, EO VII núm. 304

En Marsella, Eugenio respondía con y a través de su tío, el Obispo Fortuné. Sin embargo, en Aix, donde los Oblatos tenían influencia, Eugenio respondió como Superior General en apoyo a los Jesuitas, a través de muchos actos públicos.

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