UN VIERNES SANTO DE DOLOR, ALEGRÍA Y GRATITUD

Eugenio narra después el momento en el que todas las piezas de su trayecto de conversión se unieron, en un momento cumbre de iluminación. A partir de ese momento, todo en su vida sería interpretado a través de esta experiencia.

Este es el texto completo, que comentaremos por partes en adelante.

He buscado la felicidad lejos de Dios y por demasiado tiempo, para mi desgracia.
¡Cuántas veces en mi vida pasada mi corazón desgarrado, atormentado, se lanzaba hacia su Dios de quien se había apartado!
¿Puedo olvidar aquellas amargas lágrimas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?
¡Ay! salían del corazón y nada pudo detenerlas, eran demasiado abundantes para poder ocultarlas a quienes como yo, asistían a aquella emotiva ceremonia. Me encontraba en  pecado mortal y era eso precisamente lo que ocasionaba mi dolor.
Pude entonces, como en alguna otra ocasión, percibir la diferencia. Jamás mi alma quedó más satisfecha, jamás sintió más felicidad; y es que en medio de aquel torrente de lágrimas, a pesar de mi dolor, o más bien a través de mi dolor, mi alma se lanzaba hacia su fin, hacia Dios, su único bien, cuya pérdida sentía vivamente
¿Para qué decir más? ¿Podré expresar algún día lo que experimenté? El solo recuerdo me llena el corazón de dulce satisfacción. He buscado la felicidad lejos de Dios y no he encontrado más dolor y pesadumbre.
Feliz, mil veces feliz de que ese Padre bondadoso, a pesar de mi indignidad, me haya otorgado la inmensa riqueza de su misericordia.
Al menos compense el tiempo perdido redoblando mi amor por él. Que todas mis acciones, pensamientos, vayan dirigidas a este fin. ¡Qué ocupación más gloriosa que hacer todo y por todo únicamente por Dios, amarle sobre todas las cosas, y amarle más por cuanto he tardado en amarle. ¡Ah! esto es comenzar ya aquí, la vida bienaventurada del cielo. Esa es la verdadera forma de glorificarle como es Su deseo.

Diario de Retiro, Diciembre 1814, O.W. XV núm.130

SPANISH

“Al contar la historia de nuestra conversión personal, lo haría con gran pesar, recordando quienes éramos y con gran alegría y gratitud, recordando cuán poco lo merecemos.”      Charles Spurgeon

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