SÓLO PUEDO OFRECER A DIOS MI ABURRIMIENTO…

Desde el momento en que Eugenio entregó la Regla de los Oblatos a los cardenales para su examen y juicio, su agenda en Roma era ir de oficina en oficina durante el día y conocer personas en las reuniones vespertinas. Encontramos ejemplos en numerosos textos:

Me quedan todavía muchos asuntos que atender; es verdad que a menudo hay tiempo para descansar en las antecámaras o en el salón, pero debo decir que nunca me dejan en la antecámara. Esto no sería nada si se obtuviera lo que solicitamos con justicia, pero creo voy a malgastar mi tiempo y esfuerzos.

Carta a Henri Tempier, Enero 1°, 1826, EO VII núm. 215

 Hoy llueve también, pero no me ha impedido salir para ocuparme de mis asuntos. He estado sucesivamente con el expedidor Colonna, con el cardenal Pedicini, con monseñor Caprano, arzobispo de lcona, en la Propaganda, con el cardenal De Gregorio, con monseñor d’Argenteau, con el cardenal Pacca, y por último, como todos los días, con monseñor d’Isoard, decano de la Rota.

Diario en Roma, Enero 12, 1826, EO XVII

 La mayor parte de las tardes era invitado a recepciones y cenas en las casas de los cardenales, del embajador de Francia y otras personalidades de la ciudad. No eran de su agrado en absoluto, pero eran ocasiones importantes para establecer relaciones dentro de la Iglesia para beneficio de la Congregación Oblata y su misión, así como para la Diócesis de Marsella.

Si sólo estuviera en Roma para pasar cierto tiempo agradablemente, divertirme y recibir la estimación y consideración de los personajes más distinguidos, tendría motivo para estar muy satisfecho, pues me confunde todo lo que se hace por mí y la opinión que amablemente se han formado de mí, sin duda por mis modales. Desde el comienzo de enero, no he comido tres veces en casa; no sé cuándo acabará esto, todavía tengo comprometido hasta el jueves, y ese día, en casa del cardenal del que le había hablado, no sé con quién me encontraré, ya veremos. Aunque no es ese el motivo por el que estoy aquí, me preocupa el atraso que lleva nuestro asunto.

Carta a Henri Tempier, Enero 13, 1826, EO VII núm. 218

 Piensa cuánta resignación necesito para aguantar pacientemente una invitación a otra, de la mesa de Su Eminencia a la de Su Excelencia, de los cardenales a los embajadores, de los monseñores a los ministros, de los prelados a los duques, mientras toda mi querida familia se encuentra enfrentando el infierno, con trabajo excesivo y sufriendo toda clase de privaciones y penurias. Yo sólo puedo ofrecer a Dios mi aburrimiento…

Carta a Marius Suzanne, Enero 25, 1826, EO VII núm. 220

 

“Al prevalecer la aridez de estar ocupado, se extingue la llama de la oración”     G. Carey

 

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