EL CELO ES EL CARÁCTER DISTINTIVO DEL DIACONADO

El padre de la familia Oblata se regocija, pues uno de sus miembros más jóvenes ha sido ordenado diácono – como paso final previo a la ordenación sacerdotal. Eugenio subraya al escolástico la importancia de una espiritualidad coherente, que dará fruto en su servicio como diácono. Para él se trata siempre de “ser” para “hacer.”

Te felicito de todo corazón mi querido hijo, por la gran gracia que Dios acaba de concederte, y veo con consuelo que sabes apreciarla. No tengo necesidad de recordarte cuáles son las virtudes en las que debes ejercitarte más en particular para practicar; deben hacerse todas familiares, has sido elevado a una gran dignidad en la Iglesia, no puedes defender su honor sino trabajando en ser cada días más santo;

Eugenio se refiere a algunas de las funciones litúrgicas del nuevo diácono y la actitud correspondiente que debe tener

formar parte de la jerarquía y tus augustas funciones te llevan todos los días a la puerta del sagrario, acercándote al Cordero sin mancha, en el cual puedes fijar amorosamente tus miradas, que puedes llevar en tus manos, tocar casi. Que tu corazón actúe en esos momentos felices, que se inflame, que se purifique. El celo es el carácter distintivo del diaconado, has recibido el espíritu de fuerza, para tí mismo primero, tu propia santificación y la perfección de tu alma, luego para combatir a los enemigos de Dios y rechazar al demonio con ese vigor sobrenatural que viene de arriba.

Carta a Barthélemy Bernard, Abril 8, 1824. EO VI núm. 133

 

“Nunca permitas que tu celo sobrepase a tu caridad. El primero es sólo humano, lo segundo es divino.”       Hosea Ballou

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