DIOS EXIGE ESE SACRIFICIO ENORME DE MI, PARA EL MAYOR BIEN

Eugenio había nacido en Aix en Provence, siendo el lugar de su primer ministerio como sacerdote (en especial el ministerio con la juventud), era el lugar de fundación de los Oblatos y la ciudad donde su madre y hermana residían. Aix era entonces el lugar donde se encontraba toda la gente que conocía y amaba y quienes le amaban. Marsella era un lugar nuevo para él y le acongojaba su hostilidad – especialmente en sus intentos por reorganizar una diócesis que había permanecido sin cuidado por tantos años, antes del nombramiento de su tío como obispo residente. Añoraba la calidez humana, en especial de la comunidad de los Misioneros en Aix.

Te envío mi querido Guibert, los dos volúmenes del cardenal Gerdil que le había prometido; hubiese deseado llevártelos yo mismo, tan feliz me siento cuando estoy en esa santa casa donde todo me gusta y me edifica; por eso me considero siempre como en un estado de violencia cuando estoy alejado de ella y sólo el conocimiento de que Dios exige ese sacrificio enorme de mí, para el mayor bien, me determina a sostenerme sin murmurar, porque no doy ese nombre a las quejas que se me escapan con frecuencia y que no son bien legítimas, siendo del género de las que Nuestro Señor dio en la cruz o en el jardín de los olivos.

Carta a Joseph Hippolyte Guibert, Enero 19, 1824, EO VI núm. 125

 

“Podemos vivir sin religión y meditación, pero no sobreviviremos sin el afecto humano.” Dalai Lama

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