EL PELIGRO DE LLEVAR A CRISTO FUERA DE LA IGLESIA

No todos estaban felices con los efectos de la predicación de los Misioneros. Rey narra este episodio de la misión de Aix en 1820:

Ahora, después de esta conmovedora escena, sucedió otra que mostró cómo el cielo cuida a su elegido. Se trata de un intento de asesinato, en el que el P. de Mazenod casi fue la víctima. La narración corre a cargo de Canon Dupuy – uno de los primeros discípulos del P. de Mazenod- quien vivía con él en la casa de Misión. Nos cuenta la historia:

‘A través de su predicación, el P. de Mazenod tuvo la buena fortuna de convertir a una joven concubina. Habiendo tomado la decisión, escapó de la casa de su seductor, llevando con ella a su hijo. El hombre fue tras ella e hizo uso de todos los medios para acosarla, intentando llevarla de vuelta consigo, pero ella estaba decidida. Lleno de ira, el hombre apuñaló a la mujer y al niño, aunque esto no calmó su furia. Hubo otra víctima que habría de apagar su sed de sacrificio: fue el santo apóstol cuya palabra había encendido el objeto de la pasión de ese hombre. En ese tiempo el P. de Mazenod se encontraba predicando en la Catedral. El asesino se abrió camino de prisa hasta allí, gritando que acababa de asesinar a dos víctimas, pero necesitaba al tercero, a quien llegaría a toda costa. Permaneció en la plaza de la ciudad cerca de la fuente, pues por ahí habría de atravesar el P. de Mazenod en su camino de vuelta a la casa de Misión. Efectivamente, después de abandonar el púlpito tomó precisamente esa dirección, cuando se le unió el director del seminario mayor, quien le hizo acompañarle a la residencia del Arzobispo, desconociendo el peligro que había evitado al P. de Mazenod al tomar ese camino. El asesino había quedado demasiado lejos y llegó después de que ambos sacerdotes habían entrado a la residencia del Arzobispo. Sin embargo, permaneció cerca de la puerta, vigilando, esperando encontrarse con su víctima al salir.

El P. de Mazenod pasó un buen rato en la residencia y acompañado del Sulpiciano que le había traído, salió y atravesó el jardín, tomando la calle cercana a través de una pequeña puerta enclavada en el muro situado frente al seminario. De allí se dirigió a la casa de Misión, sin la menor idea de lo que le habría esperado. Al llegar vio a alguien conocido quien se le acercó asustado, diciendo “cómo es que se encuentra aquí, cuando corren noticias en la ciudad de que había sido asesinado!”

En el lapso transcurrido desde su salida de la Catedral hasta ese momento, sucedieron muchas cosas. El rumor del doble crimen mencionado se había esparcido y la amenaza de muerte contra el P. de Mazenod había provocado nerviosismo en toda la ciudad, incitando ideas por demás perturbadoras.

La policía, habiendo sido alertada, buscaba por todas partes al asesino, quien al ver que había perdido a su objetivo y habría de ser aprehendido en cualquier momento, huyó a un escondite, donde se colgó.’

Rey 1 pág. 250

 

“Cristo se encuentra perfectamente a salvo, siempre y cuando permanezca bajo llave en las iglesias. Invariablemente hay problemas cuando le permites salir.”       G. Geoffrey Studdert Kennedy

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