COMUNIÓN EN LA MUERTE

Después de la semana de reflexión sobre los mártires de España, tomo el hilo que hemos estado siguiendo durante muchas semanas sobre la Congregación de la Juventud que Eugenio comenzó en Aix en 1813. Hemos visto la preocupación que se esperaba que los miembros mostraran los unos por los otros en caso de enfermedad. La reflexión de hoy trata sobre la muerte de un miembro de la Congregación.

En el momento en que los miembros de la Congregación de la Juventud se enterasen de la muerte de uno de sus miembros, todos ellos tenían la responsabilidad de acompañarle en la oración.

Art. 55. El Prefecto advertirá de ello a todos los miembros de la Congregación, quienes quedan obligados a recitar en el mismo instante que la noticia les llega, el salmo De profundis y la oración Absolve o cualquiera otra oración equivalente.

Se esperaba la asistencia de todos los miembros a los que le fuera posible asistir.

Art. 58. Todos los congregantes serán convocados para el entierro. Se reunirán en la capilla de la Congregación para recitar ahí el oficio de los muertos, desde ahí irán al mismo tiempo que los sacerdotes de la parroquia a la casa del difunto para acompañarlo a la sepultura…

Después del funeral:

Art. 59. El primer jueves libre, se hará un servicio en la capilla de la Congregación y se invitará a él a los padres del difunto.

Statuts, Chapitre XIV – Devoirs de la Congrégation envers les congréganistes § 3. — Envers les congréganistes morts

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