UNA INVITACIÓN PARA RESTABLECER LA ARMONÍA ENTRE EL “SER” Y EL “HACER”

Desde el primer día en que estuvieron juntos los Misioneros, Eugenio insistió en la calidad de vida de todos los miembros y en la importancia de “ser” personas de Jesucristo antes de su “hacer” como hombres de acción. Debían preocuparse de la calidad de su humanidad, ser profundamente cristianos y luchar por su santidad antes de poder predicar a los demás. La calidad del “ser” del misionero sufriría si el “hacer” se volvía exagerado, convirtiéndose en un círculo vicioso.

Durante su retiro, Eugenio cayó en cuenta que no había vivido en armonía estos dos aspectos y ahora sufría las consecuencias de forma intensa.

Me veo obligado a reconocer que la multiplicidad de ocupaciones que me abruman, ha causado un perjuicio infinito al cumplimiento de las resoluciones que había tomado por inspiración de Dios.
Esta agitación continua en la que me hallo trae un perjuicio increíble a mi vida interior; y el modo en que cumplo mis empleos daña visiblemente mi salud.
Hay que arreglar pues todo eso.

Notas de retiro, julio-agosto 1816, E.O. XV n 139

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