“Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador”. Constitución 10
La consagración personal de los Misioneros fue algo que compartieron con las personas en su ministerio. Durante las misiones parroquiales, siempre organizaban una procesión enfocada en María. Eugenio escribió:
“La consagración a la Santísima Virgen se hace al volver la procesión en su honor, y es obligatoria. Se realiza desde el púlpito, ante la estatua de la Santísima Virgen colocada en un trono, tan hermoso como pueda aportarlo la localidad”.
Carta al P. Bruno Guigues, Noviembre 5, 1837, EO. IX núm. 652
La intención de la procesión era llevar a las personas y la comunidad a un compromiso de seguir el ejemplo de María en el Evangelio de discipulado como cristianos, teniéndola como intercesora y guía.
El programa de misiones incluía también rezar el rosario, enseñando y diseminando su uso como una oración de meditación del Evangelio.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10