CREO DEBER A ELLA UNA EXPERIENCIA ESPECIAL QUE TUVE HOY (C10)
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación”. Constitución 10
Volvamos a 1822. En medio de todas las preocupaciones por la sobrevivencia de su recién fundada familia Misionera, Eugenio celebró la festividad de la Asunción, siendo un momento que dejó una huella permanente en nuestra Familia Carismática Oblata.
En sus cartas de 1822, Eugenio menciona las muchas preocupaciones que tenía. Una de las mayores entre ellas era la supervivencia y futuro de su pequeño grupo de Misioneros. En ese espíritu bendijo la nueva estatua de la capilla, que fue una poderosa e inspiradora perspectiva de vida. De inmediato escribió a Henri Tempier, quien se encontraba en Laus.
“Creo deber a ella una experiencia especial que tuve hoy; no deseo exagerar como para decir que más que nunca, pero ciertamente más de lo usual”.
Por lo general Eugenio era reacio a describir sus experiencias espirituales profundas. Al decir “más de lo usual”, se refería a la vida de los Misioneros de Provence, que atravesaban dificultades externas y cuyo futuro estaba en riesgo.
“No puedo describirla bien, pues abarcó varias cosas, todas relacionadas a un solo tema: nuestra querida Sociedad”.
A continuación describió la confirmación recibida de que la fundación de Misioneros había provenido de Dios y que Dios le aseguraba un futuro estable para su grupo.
“Me pareció que lo que vi, donde podría colocar mi dedo, fue que lo que hay oculto dentro es la semilla de cada una de las grandes virtudes, que puede alcanzar un bien infinito. Sentí que valía la pena y todo en ello me complació, reconocí sus reglas, sus estatutos; su ministerio pareció impresionante, como ciertamente lo es. Al ver a la Sociedad, encontré en ella un medio seguro, incluso infalible de salvación”.
Carta a Henri Tempier, Agosto 15, 1822, EO VI núm. 86
En ello comprendemos porqué María es la madre y patrona de nuestra Familia Oblata.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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