SOLEMNIDAD DE LA ANUNCIACIÓN

“María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. (Lc 1:38)

“Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador.

En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia”. 

(CC&RR 10)

REFLEXIÓN

¡Oh, María, Madre Bendita de Dios,
que al saludo del ángel
te sorprendiste y tuviste temor;
y aun así, escuchaste maravillada y
abriste tu corazón al mensaje divino.
Dios generoso y amoroso,
como a tu hija María,
ven en mi ayuda para hacer tu voluntad
en esta vida y en la siguiente.

(USCCB)

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