MIÉRCOLES DE LA 4A SEMANA DE CUARESMA

¿Puede acaso una madre olvidarse de su creatura
hasta dejar de enternecerse por el hijo de sus entrañas?
Aunque hubiera una madre que se olvidara,
yo nunca me olvidaré de ti»,
dice el Señor todopoderoso.

(Is 49:15)

“La Iglesia, preciada herencia que el Salvador adquirió a costa de su sangre, ha sido en nuestros días atrozmente devastada. Esta querida Esposa del Hijo de Dios llora aterrorizada la vergonzosa defección de los hijos por ella engendrados.”

Prefacio de Eugenio de Mazenod a la Regla

REFLEXIÓN

Dios, Padre nuestro, a través de la vida, muerte y resurrección de Cristo, tu Hijo, reúnes de todas las naciones en tu Espíritu a un pueblo que es tuyo.  Mantén a la Iglesia fiel a su misión: que sea levadura en el mundo, renovándonos en Cristo y transformándonos en tu familia. A través de Cristo mismo, nuestro Señor. Amén.

(Misal Romano)

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