En ocasiones, al encontrar oposición e incluso hostilidad al vivir y expresar los valores del Evangelio, somos tentados a responder de forma negativa. Eugenio se opone a ello:
Somos ministros de su misericordia, mostremos siempre a todos la ternura de un padre; olvidemos también con facilidad las afrentas que en ocasiones recibimos al realizar nuestro ministerio, ya que Dios quiere también olvidar nuestras incesantes ofensas a él. El padre del hijo pródigo no se contentó con vestirle la túnica y colocarle el anillo, sino que hizo matar el ternero cebado.
Así nosotros, no sólo debemos reconciliar a los pecadores, sino también por todas las gracias recibidas durante la misión y fidelidad a la correspondencia al esfuerzo realizado para ello, les damos el pan de vida, para que puedan ir por el camino nuevo a seguir…
Carta a Bruno Guigues, Febrero 20, 1837, EO IX núm. 605