LA UNCIÓN QUE SOLO SE  DA  A  QUIENES  ANUNCIAN A JESUCRISTO CRUCIFICADO

Eugenio era un predicador talentoso y de éxito. El objetivo al fundar a los Misioneros Oblatos era predicar el Evangelio a los más abandonados. En muchos de sus escritos hemos encontrado textos insistiendo en que los misioneros se ocupen en forma especial de este ministerio y se aseguren de que fluya de su relación personal y comunitaria con Dios.

En su diario, que era privado, comenta con regularidad sobre algunos de los oradores que llegaban a Marsella como predicadores itinerantes, para sermones ocasionales. Los estándares de predicación de Eugenio eran altos y no tenía tiempo para las trivialidades que a veces se presentaban. 

Por la tarde fui a escuchar al  Sr. Dufêtre en San Martín. Predicó un sermón sobre la religión que no tuvo nada de notable.  Sería comprensible que con su voz sonora y fuerte pudiera cumplir su promesa de predicar dos veces  al día sin necesidad de sacrificar su vida, como anunció estar dispuesto a hacer por los buenos marselleses, que ahora deberán acostumbrarse a oír halagos de parte de todos los predicadores que suben al púlpito en Marsella.

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 12, 1837, EO XVIII

Una semana después encontramos un comentario sobre otro predicador itinerante

Fui al sermón del Sr. Clerc en San Cannat que trató sobre el respeto humano, más filosófico que cristiano y no pudo ser comprendido por su auditorio compuesto de buenas mujeres y de un pequeño número de hombres, sin instrucción. Dios impida que todos los predicadores hagan lo mismo. A éste no le falta talento ni lógica, sino la unción que sólo se da a quienes anuncian a Jesucristo et «hunc crucifixumæ», de otro modo, los retóricos lo hubiesen hecho en la Roma pagana o en Atenas.

Diario de Eugenio de Mazenod, Febrero 19, 1837, EO XVIII

¿Qué dice la gente acerca de nuestra predicación y obras de caridad? ¿Nos ven diciendo y haciendo cosas a través de los ojos del Salvador crucificado?

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