EL MISIONERO: MIEMBRO DE UNA FAMILIA

Los siguientes tres puntos de nuestra primera Regla parecen muy áridos y técnicos, pero debajo de ellos hay una riqueza de sentimientos.

Los Misioneros deben proponerse al entrar en la Sociedad perseverar en ella toda la vida.
La Sociedad se compromete con cada uno de sus miembros a seguir acogiéndolos a pesar de las enfermedades que puedan acarrear la edad o los trabajos del ministerio.
No asume compromiso alguno con los que salgan de su seno.

Petición de Autorización Dirigida a los Señores Vicarios Generales de Aix, el 25 de enero 1816, E.O. XIII n.2

Aquellos que entraban a los Misioneros de Provenza comenzaban a ser parte de una familia, a la cual comprometían su corazón y su alma, en salud y en enfermedad, para lo mejor y para lo peor… hasta la muerte. El concepto central, usado constantemente por Eugenio para describir a la Congregación, era el de familia. Las páginas que escribe están llenas de sinceras referencias a su familia religiosa. Un ejemplo de 1830:

La caridad para con el prójimo también es parte esencial de nuestro espíritu. La practicamos primero entre nosotros, amándonos como hermanos, considerando a nuestra Sociedad como la familia más unida que existe sobre la tierra, alegrándonos de las virtudes, de los talentos y demás cualidades que poseen nuestros hermanos como si los poseyéramos nosotros mismos; aguantando con dulzura los pequeños defectos que algunos no han superado aún; cubriéndolos con el manto de la caridad más sincera, etc…

Carta a Hippolyte Guibert, el 29 de julio 1830, E.O. VII n.350

Otro ejemplo del padre de familia mostrando su amor por su Congregación misionera lo tenemos cuando envía al P. Tempier a Canadá para realizar la visita de las comunidades oblatas en su nombre:

Vete, pues, en nombre del Señor, amado hijo, hacia esta parte de nuestra familia que está separada de nosotros por una distancia tan grande, y a la que, acompañándola con todo el afecto de mi corazón, tengo constantemente presente e íntimamente unida a mí.

Mandato del Visitador extraordinario en Canadá a Henri Tempier, el 1 de mayo 1851, E.O. II n.45

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