VOCACIÓN: LO BUENO QUE INTENTAMOS HACER DEBE REPARAR LOS MÁS GRANDES DEMONIOS QUE SE ENFRENTAN A NOSOTROS

Había llegado el tiempo para Eugenio de empezar a invitar a los otros a unirse a él en su proyecto misionero. Como miembros de la familia Mazenodiana, laicos y religiosos, estamos invitados a ver en estos textos vocacionales algo sobre nuestra llamada a vivir nuestro bautismo de acuerdo al espíritu de Eugenio.

En esta carta, Eugenio invita a Hilaire Aubert, director del seminario en Limoges, a unirse a él y le da las principales razones de la existencia del nuevo grupo: la trágica situación religiosa de los pobres y la escasez de misioneros que los ayude a través de la predicación y de sus esfuerzos para destrozar el poder el demonio. La situación de hoy nos hace todavía a esta misma invitación.

El bien que nos proponemos realizar, debe remediar unos males más apremiantes. ¡Cuántas gentes se ocupan en eso; nada más indispensable!
Se trata de reunimos, algunos sacerdotes, para predicar sin descanso, misiones en todas partes de esta amplia diócesis y vecinas. Queremos hacer en pequeño, pero con no menos utilidad, lo que se trabajo para lograr en grande en París. Quisiéramos hacer cosas sin ruido, pero, ¡qué golpes nos da el infierno!
¡Oh, querido amigo, si quisierais ser de los nuestros! Empezaríamos por vuestra patria, donde la religión está casi apagada, como en infinidad de otros lugares. Me atrevo así a decir que seríais necesario.

Carta a Hilaire Aubert, sacerdote y director del seminario de Limoges, 1815, E.O. VI n 3

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