Están siempre dispuestos a responder a las necesidades más urgentes de la Iglesia mediante varias formas de testimonios y ministerios, pero sobre todo por la proclamación de la Palabra de Dios, que encuentra su culminación en la celebración de los sacramentos y en el servicio al prójimo.
CC&RR, Constitución 7
La Palabra de Dios es la razón de nuestra existencia. La Palabra debe permear nuestra vocación y proclamarla a los demás – en especial a quienes más alejados se encuentran del amor al Salvador y están abandonados.
Eugenio fundó a los Oblatos para principalmente predicar misiones e ir a los abandonados en las aldeas rurales por períodos de cerca de cinco semanas de intensa proclamación de la Palabra y de catequización. Todo se centraba en invitar a la gente a escuchar, tanto con los oídos como con el corazón, y ser transformados. Esta transformación era expresada en una relación más profunda con Dios a través de los sacramentos y del servicio mutuo.
San Juan Vianney, el famoso Cura de Ars, vivió exactamente en la misma época y realizó el mismo ministerio en Francia, pero en diferente contexto y con método diferente. Su mensaje misionero y objetivo era el mismo que el nuestro: “Abran sus corazones para que la Palabra de Dios pueda entrar, enraizar en él y dar fruto en él para la vida eterna”. Predicaba la Palabra y después pasaba incontables horas cada día en el confesionario, acompañando a las personas en su conversión y transformación.
“Abran sus corazones para que la Palabra de Dios pueda entrar, enraizar en él y dar fruto en él para la vida eterna.” Juan Vianney
