A TRAVÉS DE LOS OJOS DE NUESTRO SALVADOR CRUCIFICADO: DISCERNIR A TRAVÉS DE UNA NUEVA MIRADA

A la vista de la cruz, en la que Dios dio todo por Eugenio – hasta la última gota de sangre – evocó en correspondencia una respuesta generosa de parte de Eugenio. Como Jesús, comprendió el Viernes Santo que iba a “hacer todo y por todo solo por Dios, a amar a Dios por sobre todo lo demás.” Se trataba de más que una reacción emotiva pasajera, era una respuesta de dedicación total y duradera:

¡Oh Dios mío, tengo sobradas razones para entregarme por entero a tu servicio, para ofrecerte mi vida y cuanto soy, para que todo cuanto hay en mí se emplee para tu gloria

Notas de Retiro previas a su ordenación, Diciembre 1811, O.W. XIV núm. 95

¿Cómo podría dedicarse por completo al servicio del Salvador? El concentrarse en la cruz le llevó a discernir la forma más efectiva y duradera de responder. ¿Cómo podría Eugenio expresar su deseo de oblación? Se había iniciado un largo y profundo proceso de  discernimiento. Describe a su madre dos años después este período en el que  “Recé, hice rezar, consulté, rumié”:

Cuando la gracia me urgió más que nunca a dedicarme por completo al servicio de Dios, no quise decidir nada a la ligera y debiste notar que empezaba a dejar ese estado de tibieza en que había caído y que inexorablemente me habría llevado a la muerte; intenté con mayor fervor merecer nuevas gracias del Señor, y siendo generoso, no dejó de concedérmelas…
Recé, hice rezar, consulté, rumié durante un año los designios que la Providencia me inspiraba; por último, llegado el momento de tomar la decisión definitiva y para no  reprocharme no haber empleado todos los medios posibles para conocer la voluntad de Dios, no contento con haber consultado en París a uno de los mejores directores que existen en el mundo, entre cuyas manos estoy en este momento,
fui expresamente a Marsella para abrirme a un santo y experimentado personaje (el P. Agustín Magy), tuve conferencias de varias horas con ese ángel de paz, después de las cuales no pude dudar que Dios me quería en el estado eclesiástico para el cual, a pesar de las circunstancias, hallaba atracción.
               Fue a ese santo sacerdote a quien escribí detalladamente, contándole lo que había en mi interior.

Carta a su madre, Marzo 23-24, 1809, EO XIV núm. 49

Es imposible concentrarse en la cruz y permanecer sin cambio. Cuando notamos la vista del Salvador, somos llevados a tomarlo seriamente y a discernir una respuesta apropiada. No es una prerrogativa exclusiva de los religiosos y sacerdotes – se trata de una invitación a todos los bautizados, como señala el Papa Francisco, a reflexionar sobre los momentos en nuestras vidas en las que tomamos conciencia de que: “sus ojos encontraron los míos, el momento en que me hizo notar su amor por mí…. No es retroceder en el tiempo, no es algún tipo de nostalgia.  Es volver a nuestro primer amor, para poder recibir la llama que Jesús encendió en el mundo y llevar esa flama a toda la gente, a todos los confines del mundo.”

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“El viaje de descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes, sino en ver con nuevos ojos.”   Marcel Proust

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