UNA PUERTA QUE SE ABRE AL FUTURO

En el viaje en el cual acompañó a su madre y hermana de regreso a Francia, el diario del exilio narra dos incidentes en la vida de Eugenio, entonces de 13 años, que indicaron su dirección en el futuro.

Durante ese viaje Eugenio mostró lo que la gracia había hecho en él. Ante todo, colgó a su cuello un gran crucifijo como signo de su fe y profesión pública que estaba dispuesto a hacer, de ser necesario. La ocasión se presentó en la primera fonda donde pararon. Aunque el crucifijo estaba debajo del chaleco de Eugenio, era bastante grande y podía verse, haciendo a Eugenio objeto de bromas de mal gusto de los servidores de la fonda, pero Eugenio, lejos de apenarse, respondió a los insolentes con una valentía verdaderamente cristiana no esperada por los impíos, de un niño de trece años.

      Al llegar a Livorno, la familia se quedó unos días en el lugar. Eugenio notó que la empleada de la casa donde estaban era ignorante en la religión, por lo que se ocupó de explicarle el catecismo, y lo hacía en forma tan interesante, que la dueña de la casa asistía con gusto y gran provecho personal, según decía ella misma. El celo fue una de las características distintivas de la piedad de Eugenio, que así anunciaba el ministerio que algún día realizaría entre las almas más abandonadas.

Diario del Exilio en Italia, EO XVI

Semillas que apuntaban hacia una consciencia de la Cruz y a compartir las Buenas Nuevas de Dios con los demás – en las que Dios habría de colocar una vocación misionera. Todos somos invitados a reconocer las semillas de nuestra espiritualidad y dirección en nuestra vida, al reflexionar acerca de algunas acciones espontáneas en nuestra juventud.

SPANISH

“Siempre hay un momento en la infancia cuando se abre una puerta que permite al futuro pasar.”   Graham Greene

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