EL ÚLTIMO ACTO IMPORTANTE DE SU VIDA, SELLABA LA CONSAGRACIÓN DE TODO SU SER QUE HABÍA HECHO DESDE HACÍA TIEMPO

En el aniversario de la muerte del P. Marcou, los recuerdos de Eugenio le llevan a su dedicación y celo, a pesar de su enfermedad

El P. Marcou tuvo todavía  fuerzas para volver a Marsella, allí estaba a mi regreso de Roma en un estado totalmente desesperado; le había  afectado tanto el pecho que no había esperanzas de curación. Sin embargo, esperaba poder seguir trabajando por la salvación de las almas, y se alegró enormemente por el éxito de mi viaje a Roma, en que se había logrado la aprobación de la congregación de los Misioneros Oblatos de María, para ser reconocida en la Iglesia, como una más de las congregaciones. El P. Marcou débil como estaba, quiso asistir a la reunión que convoqué para comentar sobre mi misión y todo lo que Dios quiso hacer por nosotros. Ese buen padre mostraba su alegría, siempre expresando vivamente los sentimientos de su hermosa alma. Bajó incluso a la iglesia para renovar sus votos con todos los miembros de la nueva congregación canónicamente instituida. Su nombre está inscrito en el registro en el que todos firmamos el acta de aquella memorable sesión. Es el último acto importante de su vida, que sellaba su consagración a Dios y el homenaje que desde hacía tiempo le hizo de todo su ser.

Diario del 20 de Agosto de 1838, E.O. XIX

 

“No es el final del cuerpo físico lo que debe preocuparnos. Más bien nuestra preocupación debe ser vivir mientras tengamos vida – liberar nuestro ser interno de la muerte espiritual que proviene de vivir tras una careta, diseñada para ajustarse a las definiciones externas de quiénes y qué somos.”   Elisabeth Kubler-Ross

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