LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: GRATITUD PORQUE NO HAY NADA IMPOSIBLE PARA DIOS

Ahora que Eugenio sabía que se otorgaba la aprobación, comenzó a esperar el final del trabajo relacionado y volver a casa y su comunidad. Al reflexionar en los eventos, podemos sentir su alegría y alivio, al igual que la conciencia del toque de Dios en todo el proceso.

Ahora empiezo a confiar en que podré volver en seguida después de Pascua, a no ser que la elaboración del breve tenga demoras. Espero sea al contrario, pues hace mucho tiempo que estoy separado de ustedes y de la familia; pero comprendo que así debía ser y que Dios me había escogido para este servicio a la Sociedad; debo expresar este agradecimiento a aquel por quien trabajamos, que dispuso todo a mi favor, en que cada una de las personas con las que tuve que tratar me conociera y estuviera predispuesta a mi favor, encontrando bien  cuanto yo decía, como si el Señor le manifestara los sentimientos de mi alma y le hiciera ver que mi única ambición era agradar a Dios y procurar Su gloria, servir a la Iglesia y salvar almas. Tengo que añadir que de los hechos que he contado, han llegado a concebir, sobre todo el Papa, una idea muy favorable de toda la Sociedad, lo cual debe estimularnos a merecer cada vez más, por nuestra dedicación, una protección tan alta y honrosa. Amén..

Carta a Henri Tempier y todos los Oblatos, Febrero 18, 1826, EO VII núm. 226

En su Diario se refuerza su opinión en la narración:

Quería también ver al arcipreste Adinolfi; no estaba en la secretaría; lo encontré poco después en la calle; y hablamos un minuto. Me expresó de nuevo su gran sorpresa por el éxito de nuestro asunto: “Nunca se ha visto nada parecido, dijo, fue el Papa quien quiso se expidiera el Breve de aprobación; él mismo dictó varias inserciones, etc”.  En una palabra, el arcipreste subsecretario de la congregación, no salía de su asombro.  Llegué a la conclusión por su semblante y sorpresa, que si hubiese dependido de él, no podríamos estar tan contentos.

Diario en Roma, Febrero 20, 1826, EO XVII

 

“Si dependes de la gracia de Dios, no existe lo imposible.”    Sri Chinmoy

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