EL TESTIMONIO TANGIBLE DE NUESTRA VIDA

En preparación para la reunión de decisión de los cardenales, Eugenio acudió el día anterior a conocer a uno de ellos, por primera vez.

Creo haberle dicho que el cardenal Pallotta me citó hasta el martes a las 10 de la noche. Llegué puntualmente a la cita. Inmediatamente fui llevado a la habitación de Su Eminencia, quien me recibió con la mayor cortesía, expresándome el gusto que tenía en conocerme. Me dijo que, aunque no le habían dejado más que dos días para examinar nuestro asunto, se había apresurado a leerlo por completo, y que estaba muy satisfecho, aunque había hecho algunas pequeñas observaciones que iba a comentarme…

Eugenio escuchó a continuación las preguntas sobre algunos de los puntos menores que tenía el Cardenal para los que esperaba modificaciones, continuando la narración, mostrando que el buen trabajo realizado por los misioneros, fue lo que impresionó en forma más favorable al Cardenal :

Hablamos después del bien que realizan nuestros queridos hermanos, se enterneció con mi relato de algunas de sus obras, y comentó muy justamente, a propósito de la curación milagrosa del mudo castigado por Dios, [ed. un incidente ocurrido durante la predicación del P. Albini, uno de los Oblatos], que eso no era nada en comparación con los milagros de conversión logrados en las almas. Me retiré muy contento y me pareció él estar también muy satisfecho conmigo.

Carta a Henri Tempier, Febrero 16, 1826, EO VII núm. 224

 

“Recordemos todos esto: no se puede proclamar el Evangelio de Jesús sin el testimonio tangible de vida de cada quien.”     Papa Francisco

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