LE PEDÍ BENDECIR MI CRUCIFIJO Y SU BENDICIÓN APOSTÓLICA

Eugenio continúa narrando su primera reunión con el Papa León XII:

“Cuando el Papa me explicó ampliamente los trámites, que llevarían tiempo, me dijo: “No te irás tan pronto, ¿verdad? ¿y nos volveremos a ver?”. Le respondí y antes de irme, al ver que miraba al reloj, signo de despedida, y observar que su intención no era hacerlo hasta que terminara de decirle todo, le pedí ciertas facultades; y sobre ello hizo unas reflexiones muy prudentes y cierta afirmación que demostraban tanto su humildad como sus conocimientos; emocionado por lo que oía y un poco apurado para no pasarme del tiempo, olvidé pedirle la extensión de sus facultades, como me había propuesto. Lo recordaré para mi audiencia de despedida. Le pedí bendecir mi crucifijo, y arrodillándome, sin poder de nuevo besar sus pies, pedí su bendición apostólica y me retiré muy tranquilo de mi larga sesión, agradeciendo a Dios, a la Santísima Virgen, a los ángeles y santos y hasta a las almas del purgatorio, por quienes celebré la misa ese día.”

Carta a Henri Tempier, Diciembre 22, 1825, EO VI núm. 213

 

“Cuando te centras en ser una bendición, Dios se asegura de que seas bendecido abundantemente.”      Joel Osteen

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