PENALIDADES SUPERADAS PARA CELEBRAR MISA DIARIAMENTE

Mi querido amigo, he llegado esta mañana a Roma, demasiado tarde para tener la dicha de celebrar la santa misa, aunque me haya quedado en ayunas hasta las dos, después de haber pasado la noche extendido en el coche, en la cochera de la posada de Monterosi, para hacer salir cuanto antes a nuestro cochero. Es el primer día desde nuestra salida de Génova que he sido privado de ese consuelo.

Carta a Henri Tempier, Noviembre 26, 1825, EO VI núm. 208

 Sobrellevar la incomodidad de un cambio en su viaje ante la posibilidad de celebrar Misa y ayunar por 14 horas, muestra la seriedad de la determinación tomada por Eugenio en su retiro 13 años antes, a la que se apegó en forma estricta desde entonces:

La misa es indiscutiblemente la más excelente de todas las oraciones que pueden ofrecerse a Dios en la tierra y en el mismo cielo; por eso tendré la más tierna devoción a este santo sacrificio y lo celebraré siempre con las disposiciones y los sentimientos de un corazón persuadido de la grandeza de la acción y de la horrible miseria del ministro encargado de realizarlo…
Mientras no me demuestren que pueda haber en el mundo una acción que dé más gloria a Dios, y que sea más provechosa para la salvación de las almas, para la santificación del sacerdote y para el alivio de los hermanos que sufren en el purgatorio, diré la misa cada día y dos veces al día si es posible, y ojalá toda mi vida pudiera emplearse solo en este sublime ministerio. Convertiría más almas con mi asiduidad al altar que con todas las predicaciones que pudiera hacer.

Regla determinada en mi retiro en Aix, Diciembre 1812, EO XV núm. 109

 

“El ministerio es lo menos importante. No se puede realizar un ministerio sin estar en comunión con Dios y vivir en comunidad.”     Henri Nouwen

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