UN PROYECTO CON JÓVENES, EN ARMONÍA PERFECTA CON EL ESPÍRITU DE LOS MISIONEROS

La carta de Eugenio aceptando el proyecto en Marsella muestra el criterio utilizado por los Misioneros al aceptar abrir una tercera casa. Escribió al Consejo de la Obra de la Divina Providencia:

Señores,
Cuando uno de sus respetables asociados vino a verme de parte de Uds. para sondear cuáles serían mis disposiciones con relación a la fundación que proyectaban, le contesté que gustosamente aceptaría sus puntos de vista, ya que eran plenamente conformes con el espíritu de nuestro reglamento y el deseo que teníamos de cooperar con todas nuestras fuerzas al bien de una ciudad cuyos habitantes tanto queremos.
Se trataba de establecer una casa de nuestra sociedad bajo el techo que sirve de asilo a los niños de la Providencia, para que los miembros de esa casa, mientras se entregan a los ejercicios de su ministerio, puedan encargarse de la dirección espiritual de esos niños..

Eugenio subrayó las palabras “dirección espiritual” en la carta, enfatizando que los Misioneros no se harían cargo de la dirección material del orfanato, sino de la responsabilidad de evangelización y bienestar espiritual continuo de los jóvenes.

Los Misioneros no estarían dedicados al orfanato de tiempo completo, sino sería su residencia desde la cual darían ministerio a otros sectores de la población de Marsella – un proyecto aceptado por los pastores de la ciudad:

Tuve tanta menos dificultad para aceptar las propuestas que me anunciaban ya que estaba seguro que, consintiendo, respondía a los deseos de todas las gentes de bien de Marsella, y especialmente al deseo expresado por los Señores Párrocos de esa ciudad, cuando al ser consultados sobre el proyecto de una fundación de Misioneros, honraron a nuestra Sociedad con su voto unánime.
Contestando hoy a la carta que Uds. han tenido el honor de escribirme el 17 del corriente, mandándome el extracto de su deliberación del 16 de abril, en la que me proponían fundar una casa de nuestra Congregación en su local, sólo me queda ratificar el consentimiento dado anteriormente.
Acepto, pues, con agradecimiento el ofrecimiento que me hacen, y la parte del edificio que destinan para alojarnos en su establecimiento.

Carta a los Directores de la Obra de la Providencia, en Marsella,
20 de Abril de 1821, EO XIII n. 38

 

“El cristiano debe siempre recordar que el valor de sus buenas obras no se basa en su número ni excelencia, sino en el amor de Dios que le lleva a realizarlas.”      Juan de la Cruz

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