VOCACIÓN: ESTAR EN ARMONÍA CON LA VISIÓN DE LA FUNDACIÓN

La respuesta de Henry Tempier a la invitación de Eugenio fue motivo de gran alegría para Eugenio. Tempier se muestra en perfecta armonía con cada una de las ideas de la fundación que le propusieron. Eugenio exulta:

¡Bendito sea Dios, muy querido hermano, de las disposiciones que ha puesto en vuestro corazón; no podríais imaginar la alegría que he sentido al leer vuestra carta! La abrí con ansiedad, pero me sentí pronto consolado: Os aseguro que considero como muy importante para la obra de Dios que seáis de los nuestros; cuento con Vd. mucho más que conmigo mismo para la regularidad de una casa, que en mi idea y en mis esperanzas, debe reproducir la perfección de los primeros discípulos de los apóstoles. Apoyo mucho más mis esperanzas sobre ello que sobre los discursos elocuentes: ¿estos han convertido alguna vez a alguien?

Carta a Henri Tempier, el 15 de noviembre 1815, E.O. VI n 6

La carta de Tempier muestra el “un solo corazón y una sola alma” que marcó su relación con Eugenio. Porque refleja, de modo muy cercano, la inspiración fundacional de Eugenio, lo reproduzco así:

Bendito sea Dios que le ha inspirado el proyecto de preparar para los po¬bres, para los habitantes de nuestros campos, para aquellos que más necesidad tienen de ser instruidos en religión, una casa de misioneros que irán a anunciar les las verdades de la salvación. Comparto plenamente sus ideas, mi querido compañero y, lejos de esperar nuevos requerimientos para ingresar en esa san¬ta obra tan conforme a mis deseos, le confieso que, de haber conocido antes su proyecto, me hubiese adelantado a rogarle que me recibiera en su Sociedad. Tengo que agradecerle, por tanto, que me haya juzgado digno de trabajar por la gloria de Dios y por la salvación de las almas. Es verdad que no me veo con el don de la palabra tan necesario a un misionero, pero alius quidem sic, alius vero sic (I Cor., 7,7). Lo que no haga con grandes discursos, lo haré en la catequesis, en las conferencias, en el tribunal de la penitencia y en todos los demás medios que puedan instaurar el reino de Jesucristo en las almas.
Para eso yo no encuentro nada que sea bajo ni pesado. Mientras tanto la práctica me irá dando mayor facilidad de la que tengo ahora. Comprendo, además, lo que busca por encima, de todo al escoger a sus colaboradores; quie¬re unos sacerdotes que no sigan una rutina y el camino trillado,… que estén
dispuestos a seguir las huellas de los apóstoles, a trabajar por la salvación de las almas sin esperar más premio aquí en la tierra que muchas penas y fatigas Por la gracia de Dios, yo siento en mí ese deseo, y si no lo tengo, bien que ansío tenerlo, y con Vd. todo me será más fácil. Así que cuente por entero conmigo.

27 de octubre de 1815, Cf. REY I, p. 183.

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