VIERNES SANTO: AQUEL MOMENTO EN EL QUE SUS OJOS SE CRUZARON CON LOS MÍOS, EL MOMENTO EN QUE ME HIZO SENTIR QUE ME AMABA

¿Puedo olvidar aquellas amargas lágrimas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?

“¿Puedo olvidar… la vista de la Cruz?” pregunta Eugenio, y la paz que fluyó a su vida como resultado.

Jamás mi alma quedó más satisfecha, jamás sintió más felicidad; y es que en medio de aquel torrente de lágrimas, a pesar de mi dolor, o más bien a través de mi dolor, mi alma se lanzaba hacia su fin, hacia Dios, su único bien, cuya pérdida sentía vivamente

Diario de Retiro, Diciembre 1814, O.W. XV núm.130

La homilía del Papa Francisco en la ceremonia de la Vigilia de Pascua en 2014, se enfocó en el mensaje de Cristo Resucitado a los primeros testigos de la Resurrección: “Vuelvan a Galilea.” Galilea es donde todo comenzó para los discípulos, y ahora, después de la muerte y resurrección de Jesús, se les pide volver, aunque con una mirada diferente. El Papa Francisco lo presenta de esta forma: “Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la Victoria.” Describe lo que comprendió Eugenio el Viernes Santo, que el único enfoque para dar sentido a su vida debía ser la cruz y su victoria. El Papa Francisco nos recordó que cada uno de nosotros tiene su Galilea personal y así, en mi opinión, captura el significado de la experiencia de conversión de Eugenio y la invitación que representa para todos los miembros de la familia Mazenodiana:

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también otra «Galilea», una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y a participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió seguirlo; volver a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba»

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2014/documents/papa-francesco_20140419_omelia-veglia-pasquale.html

Para Eugenio, el Viernes Santo fue la culminación de un arduo trayecto de conversión – el momento en que comprendió que desde la cruz Jesús le miraba con misericordia y le pedía seguirlo. Se trató del momento en que los ojos del Salvador encontraron los de Eugenio, el momento en que hizo comprender a Eugenio Su amor por él. A partir de ese momento y hasta que sus ojos se abrieron a la vida eterna en 1861, sus ojos y amor nunca se separaron. Es por esto que comprendemos porqué la cruz Oblata se convirtió en el punto central de la vida y misión de Eugenio, y porqué es el único punto primordial que tiene sentido para los Oblatos y todos los que viven el carisma de Eugenio.

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¿Puedo olvidar aquellas amargas lágrimas que la vista de la Cruz hizo brotar de mis ojos un Viernes Santo?

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