EL REDESCUBRIMIENTO DE LOS TESOROS INTERNOS

Cuando algunos de los discípulos le señalaron a Jesús que la multitud que le escuchaba estaba hambrienta, les respondió: “denles ustedes de comer” (Mateo 14:16). De su riqueza interior, hay que dar a los demás. Este es también el punto inicial para la espiritualidad. Necesitamos comenzar por estar conscientes de la presencia y acción de Dios en nosotros.

En nuestro análisis de la espiritualidad de Eugenio de Mazenod, hemos visto últimamente sus años de confusión durante su período de tibieza espiritual. El Eugenio al que hemos estado viendo es el mismo Eugenio que había recibido una seria educación y formación religiosa en las manos de Don Bartolo Zinelli. Puso esto a un lado por algunos años, pero la base seguía presente en el centro de su ser. Al comenzar a recuperar el sentido, su proceso de conversión implicó redescubrir la riqueza interna. “He buscado la felicidad lejos de Dios…”

Vemos este nuevo despertar en 1805, después de una visita con su tía a París. En el largo trayecto de regreso en un carruaje público, conoció a un joven médico militar, Emmanuel de Claubry, quien iba de vuelta a Italia a reencontrarse con su regimiento. Así comenzó una amistad que duraría 50 años. Al llegar a Italia, Emmanuel le escribió a Eugenio para  describir el sufrimiento que experimentaba a manos de sus compañeros, debido a su fe y principios religiosos. El recuerdo de todo lo que había aprendido en su formación religiosa, en especial con Don Bartolo, fue un catalizador para Eugenio.

Su carta del 15 de octubre, mi querido y buen amigo, me ha entristecido el corazón. He sentido vivamente las afrentas recibidas en esa infame comida y quisiera decir que quedará ahí, pero a esas pruebas a un recién llegado vendrán otras de las que están eximidos quienes no profesan la fe de Jesucristo. Al descubrir que es cristiano, le colmarán de sarcasmos, de insultos y de desprecios y será entonces cuando traten de pervertirle y también, mi querido amigo, cuando tendrá necesidad de utilizar toda la fuerza recibida con la regeneración y la imposición de las manos. Pero como todo lo que pudiera decirle para afianzar su fe y darle esperanza tendría poco efecto viniendo de mí, he reunido algunos textos de consuelo de la fuente pura, del libro de la vida, del código admirable que prevé todas nuestras necesidades y nos da los remedios. No es Eugenio, es Jesucristo, es Pedro, es Pablo, Juan, etc., quienes le envían ese alimento, que recibido con su espíritu de fe, no quedará sin efecto

Carta a Emmanuel Gaultier de Claubry, EO XIV núm. 13

El biógrafo de Eugenio y su contemporáneo, Rey, copió solo este extracto y obvió las 3 páginas de las Sagradas Escrituras que transcribió Eugenio. Comenta: “No conocemos ninguna colección de textos más completa ni sorprendente adaptada para fortalecer el valor cristiano” (Rey I pág. 70). ¡Don Bartolo realizó un buen trabajo muchos años antes! Al explorar la espiritualidad Mazenodiana, encuentro una invitación para todos de estar conscientes de la riqueza espiritual que ya existe en nosotros como individuos y como grupo Mazenodiano, como punto de inicio para expresarla.

Uno de los textos de guía de Eugenio que nos encomendó como misioneros en el Prefacio, es la responsabilidad de comenzar el proceso de transformación en nuestro interior:

«Cuídate tú y cuida la enseñanza, recomienda San Pablo a Timoteo; sé constante; si lo haces, te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan» (1 Tim. 4, 16).

SPANISH

“La riqueza ordinaria puede ser robada; no así la riqueza verdadera. En tu alma existen cosas infinitamente preciosas que no te pueden quitar.”   Oscar Wilde

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