SOMOS LOS HOMBRES DEL OBISPO… ¿O LO SOMOS?

“Somos los hombres del Obispo” es un slogan que se ha utilizado y del que se ha abusado mucho a través de la historia de nuestra Congregación.  Quitándole el contexto, ha sido  interpretada como una razón por la que un Oblato sea un  ministro “todólogo” en alguna diócesis, de acuerdo a los caprichos del obispo. El contexto dentro del que fueron escritas estas palabras, es la clave para comprender el concepto.

El Vicario General de Grenoble se había acercado a Eugenio acerca de la posibilidad de que los Oblatos fueran a trabajar a la diócesis. La respuesta de Eugenio fue describir claramente el ministerio de los Oblatos. Nuestro ministerio principal en ese momento era la evangelización a través de las misiones parroquiales, y cuando no se encontraran realizándolas, era el ministerio con los pobres a quienes menos llegaba la iglesia, y cuya sociedad veía como “gentuza.”

Nuestros misioneros se dedican más especialmente al servicio de las almas más abandonadas, y en el intervalo de las misiones trabajan en alguna ciudad, desarrollando una labor muy útil con la última clase del pueblo. En Marsella por ejemplo, se ocupan de hombres de 25 a 30 años sin haber hecho su primera comunión, que no conocen ni a su Dios, ni a su alma; los instruyen con esmero, y sus esfuerzos son coronados con los más felices éxitos.

Después resalta que el ministerio se realiza en la comunión más cercana al Obispo local, siempre listos a servirle – pero dentro de los parámetros de nuestro carisma. En varias ocasiones después, Eugenio retiraría Oblatos de una diócesis o ministerio en particular, que no juzgara estar de acuerdo a su comprensión de la vocación carismática.

Consideramos  a los Obispos como nuestros padres desde el momento en que nos adoptan; su diócesis viene a ser nuestra familia, y le puedo asegurar que esos hijos de adopción rivalizan con cualquiera en cuanto a afecto y abnegación. Por eso tenemos el consuelo de ver que los Señores Obispos nos dan constantemente señales inequívocas de una conmovedora predilección.

Somos los hombres del Obispo; estamos a su disposición en cada momento, día y noche. Debemos vivir habitualmente bajo su influencia

Carta a M. Testou, Vicario General de Grenoble, Junio 17, 1828, EO XIII núm. 68

“Cuando  es obvio que no se pueden alcanzar las metas, no solo ajustes los objetivos, sino los pasos a seguir.”     Confucio

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