DOSCIENTOS AÑOS DESPUÉS: UN ESPÍRITU DE OBLACIÓN PARA CAMBIAR EL MUNDO DE LOS MÁS ABANDONADOS

Eugenio concluye su narración oficial de los eventos de nuestra aprobación, con la exhortación a hacer propias las palabras de San Pablo: “En cuanto a mí, gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por sus almas” (2 Corintios 12:15)

Ahora, Reverendos Padres y Hermanos en el Señor, qué más he decirles, a quienes el soplo divino que abrasa sus corazones ha inspirado todo, sino que, en vista de señales tan numerosas y tan grandes de la protección del Altísimo, deben dedicarse con diligencia a promover la gloria de Dios, dispuestos a soportar por su honor los más duros sacrificios;
que, puesto que han sido elegidos por una gracia especial en estos tiempos difíciles para reavivar la llama de la piedad de los primeros discípulos de la fe y para reproducir en su vida los ilustres ejemplos de tantos religiosos que con el ejercicio de las mismas virtudes que ustedes practican, llegaron a la santidad, consuelen a la santa Madre de los cristianos que llora la destrucción de esas órdenes, arrasadas en muchas partes por la persecución; y finalmente, que con un empeño constante vayan en ayuda de las almas, sobre todo de las más abandonadas, según el espíritu de nuestro Instituto, repitiendo sin cesar con alegre prontitud esta palabra del Apóstol: “En cuanto a mí, gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por sus almas…”.

Carta a todos los Oblatos, Marzo 25, 1826, EO VII núm. 232

 

“Un pequeño grupo de espíritus decididos, inspirados por una fe inquebrantable en su misión, puede alterar el curso de la historia.”   Mahatma Gandhi

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