LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: OBLATOS DE MARÍA – ORGULLOSOS DE NUESTRA DIGNIDAD Y DE LOS DERECHOS QUE NOS CONFIERE

En respuesta a la euforia de los Oblatos por la aprobación, Eugenio reflexiona sobre el nombre de nuestra familia.

 ¡Ojalá comprendamos bien lo que somos!
Espero que el Señor nos concederá esa gracia, con la asistencia y por la protección de nuestra santa Madre, María Inmaculada, a quien hemos de profesar una gran devoción en nuestra Congregación. ¿No le parece que es una señal de predestinación llevar el nombre de Oblatos de María, es decir, consagrados a Dios bajo los auspicios de María, de quien la Congregación lleva el nombre como apellido que le es común con la Santísima e Inmaculada Madre de Dios?
Es como para que nos tengan envidia; pero es la Iglesia la que nos ha dado este hermoso título

De hecho, fue el mismo Eugenio quien había cambiado el nombre de “Misioneros de Provenza” a “Oblatos de María Inmaculada”, solicitando al Papa aprobar el cambio. (cf. http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=1970). Fue así que la Iglesia nos “otorgó” el nombre. La Iglesia ratificó la inspiración que Eugenio había recibido en cuanto a nuestro nombre y la identidad que nos confiere. En este sentido, nuestro nombre e identidad pertenecen a la Iglesia, por lo que:

nosotros lo recibimos con respeto, amor y agradecimiento, orgullosos de nuestra dignidad y de los derechos que nos da a la protección de la Todopoderosa ante Dios.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 Hoy en día continúan estos sentimientos, como muestra nuestra Regla de Vida: “ María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia.” CC&RR Constitución 10

 

“Cuando se le pidió ser la madre del Mesías, la fe de María le permitió dar una respuesta humilde y generosa…. La fe de María fue puesta a prueba frecuentemente durante la vida pública de Jesús, en especial cuando ella fue testigo del rechazo de su hijo. Al pie de la cruz, su peregrinaje de fe tuvo la prueba más difícil. María siguió creyendo que, puesto que Jesús era el Hijo de Dios, Su sacrificio traería la salvación a la humanidad.”  Papa Juan Pablo II

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