LA PRESENCIA DE MARÍA EN LA VIDA DEL SEMINARISTA

A días de haber llegado al seminario para iniciar sus estudios al sacerdocio, Eugenio escribió a su abuela:

De momento solo puedo hablar de la vida que llevamos durante el retiro, que desgraciadamente toca a su fin. Lo terminamos mañana con una fiesta encantadora, propia para el seminario, la fiesta de la vida interior de la Santísima Virgen, es decir la fiesta de todas las virtudes y de las mayores maravillas del Todopoderoso. Qué deliciosa fiesta! Y cómo me voy a alegrar con la Santísima Virgen de todas las grandes cosas que Dios ha hecho en ella! Oh qué abogada ante Dios! Seámosle afectos, es la gloria de vuestro sexo. Hacemos profesión de no querer ir a su hijo sino por ella, y lo esperamos todo de su poderosa intercesión. 

Carta a su abuela, Octubre 18, 1810, EO XIV núm. 29

 Su devoción por María nunca se separó de Jesús. Ella era el maravilloso instrumento que daba testimonio de las maravillas que Dios obró en ella y en la humanidad, a través de la encarnación. Con su ejemplo e intercesión, siempre lo dirigió a Jesús.

 

“Mujer, ahí tienes a tu hijo.” (Juan 19, 25-27) “Las palabras pronunciadas por Jesús significan que la maternidad de quien llevó a Cristo encuentra una ‘nueva’ continuación en la Iglesia y es a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan.”    Papa Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 24

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