DEBO GANAR LA SALVACIÓN SIGUIENDO OCUPÁNDOME DE LOS OTROS

Es el año 1824. Casi un año después de ser nombrado Vicario General de la diócesis de Marsella, Eugenio logró poder alejarse por unos días e ir a Aix para su retiro anual. Al reflexionar en las anotaciones de su retiro, les invito a utilizarlas como una oportunidad para pedir y pensar respecto a nuestras muchas ocupaciones.

El retiro era un tiempo en el que Eugenio se detenía para recuperar el aliento y re-enfocarse en la dirección que su vida tomaba, en medio de un estilo de vida completamente nuevo y atareado.

¡Alabado sea Dios, a él bendición y gratitud! He podido por fin sustraerme al yugo que pesa sobre mí, he podido sacudir las cadenas que me oprimen, a las que tengo que besar; se me permite retirarme por ocho días a nuestra querida casa de Aix [estaba entonces en Marsella como vicario general de su tío] para ocuparme únicamente del asunto de mi salvación. Ojalá me aproveche de este dulce respiro que la divina Providencia me brinda para entrar en mí mismo, para sondear mi corazón y para buscar y descubrir en mi alma todo el daño y el destrozo que en ella ha hecho la disipación ocasionada por los asuntos múltiples que sin cesar se suceden. 

Siendo una “persona sociable”, Eugenio deseaba ocupar su tiempo predicando el Evangelio y acompañando a la gente a dirigir sus vidas en relación con Dios. La mayor parte de su trabajo en la diócesis sin embargo, tenía que ver con la administración, en una oficina. Puesto que la diócesis estaba en restructuración después de la Revolución Francesa, tanto él, Henri Tempier y el Obispo se encontraban ocupados estableciendo estructuras eficientes de evangelización y asegurando la cooperación de los sacerdotes diocesanos.

En este retiro Eugenio se da cuenta con más fuerza de cómo su salvación personal no será lograda retirándose de la actividad, sino a través de entregarse más a la tarea de la salvación de los demás. Leemos en su diario:

Dios mío, si no hemos sido creados más que para poseeros y no tenemos en realidad más tarea que la de realizar nuestra salvación, ¿por qué hace falta que vengan cada día y a cada instante tantos objetos diversos a apartarnos de la aplicación que deberíamos poner en ello? ¡Cuántas veces me he visto tentado de abandonarlo todo para ocuparme sólo de mi alma! Pero no, se me dice que la salvo siguiendo ocupándome de los otros. 

Notas de Retiro, Mayo 1824, EO XV núm. 156

 

“¡Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis!”    Mateo 25

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