EVANGELIZADOS POR LA GENTE Y EL LUGAR

Mientras que los Misioneros se encontraban ocupados por completo durante la primera parte de 1820 con las misiones en las ciudades de Marsella y Aix en Provence, Henri Tempier y su comunidad se ocupaban del ministerio en el Santuario de Notre Dame du Laus. Los peregrinos eran cada vez más – sin duda atraídos por la joven y activa comunidad de Misioneros.

La casa de Misión en Aix también se iba poblando. Había varios estudiantes laicos viviendo ahí y Eugenio sintió que era tiempo ya de mudar a los novicios a un lugar más tranquilo para su formación. Por ello, los acompañó a Laus, donde Henri Tempier se haría cargo de ello.

Exhausto del trabajo incesante de las misiones, la pastoral y las actividades administrativas en la casa, pudo tomar un descanso en la hermosa localidad de Laus, rodeada de montañas, uniéndose a los Misioneros en su vida religiosa, oraciones y ministerio de predicación y confesión de los peregrinos. Le escribió a su madre:

Si todas las personas a las que quiero estuvieran aquí, mi querida mamá, con gusto consentiría en no salir nunca, tan deliciosa es la estancia. Hay que estar aquí para hacerse una idea de ello… La vida que llevo es tan tranquila, me gusta tanto su encanto que no puedo pensar sin una suerte de horror que tendré que abandonarla pronto para volver al guirigay.

Más que el bello lugar y la vida comunitaria, le cautivó el ejemplo de la fe de los peregrinos. La gente evangelizada era quienes evangelizaban a los Misioneros a través de la disposición de su fe:

Separado del mundo entero sólo se ven en esta soledad unos fervorosos cristianos que únicamente se ocupan de su salvación, y a su ejemplo uno no se siente tentado a ocuparse de otra cosa.

Carta a su madre, 29 de Junio 1820, EO XIII n. 29

Esta actitud se encuentra en nuestra Regla de vida hoy en día:

Trabajando con los pobres y los marginados, nos dejaremos evangelizar por ellos, pues a menudo nos hacen escuchar de forma nueva el Evangelio que anunciamos.

CC&RR Regla 8a

 

“En medio del perdón llega la celebración: vemos la belleza de la gente que a menudo es considerada estar al margen de la sociedad. Con perdón y celebración, la comunidad (fraternidad) se convierte en el lugar donde damos lugar a los regalos de los demás, los levantamos diciendo “Tú eres la hija amada y el hijo amado”.          Henri J. M. Nouwen

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