Archivo por meses: octubre 2018

HACE 200 AÑOS: UN SERMÓN SIN FINAL

Rey recuerda una anécdota respecto a la predicación entusiasta de Eugenio y la respuesta no tan entusiasta del pastor en St. Laurent.

Los tres domingos que pasó en St. Laurent, el Padre de Mazenod tomó la responsabilidad de predicar el sermón en provenzal en la parroquia y explicar el Credo. El último domingo deseaba completar las instrucciones, por lo que prolongó su sermón más allá del tiempo habitual. Era el día en que la Misa era cantada. Sin embargo, el pastor, normalmente un hombre excelente y de gran virtud, se impacientó con su duración, pues no entendía el motivo.

Levantando su sotana, consultó el reloj y comenzó a murmurar en tono alto, al mismo tiempo del sermón sin fin. En un momento dado no pudo contenerse más y gritó al predicador:

“pero señor, concluya de una vez o continuaremos aquí al medio día”

“sólo un momento más, señor pastor, le respondió.”

Pero después de un rato, el momento le pareció demasiado prolongado al pastor. Repentinamente se levantó de su silla, dirigiéndose al centro del altar y con voz sonora, entonó: “Credo in unum Deum.”

El predicador se vio forzado a dejar el púlpito de inmediato sin poder decir una palabra más, aunque con una sonrisa en su rostro.

Rey I, nota al pie en la pág. 230

HACE 200 AÑOS:LAS REGLAS – ENRIQUECIDAS A TRAVÉS DE LA EXPERIENCIA DE LOS DEMÁS

Al escribir a Henri Tempier para invitarlo a unirse a los Misioneros, Eugenio le dice:

viviremos juntos en una misma casa que he comprado, bajo una regla que adoptaremos de común acuerdo, y cuyos elementos sacaremos de los Estatutos de S. Ignacio, de S. Carlos para sus Oblatos, de S. Felipe Neri, de S. Vicente de Paul y del bienaventurado Ligorio. La felicidad nos espera en esta santa Sociedad que sólo tendrá un corazón y una sola alma

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4.

Las Reglas que Eugenio redactó en septiembre de 1818 en St. Laurent, provinieron de las Reglas de otras Congregaciones religiosas, en especial la de San Alfonso Liguori, quien predicaba misiones desde la perspectiva de Cristo Redentor, así como de los Santos Ignacio, Carlos Borromeo, Felipe Neri, Vicente de Paul y los Sulpicianos.

Eugenio admiraba a todos ellos por su celo ya fuera en la predicación de misiones, su devoción por los pobres, por el ministerio con los jóvenes, en las misiones en el extranjero, el cuidado pastoral, etc. Eugenio construyó igualmente sobre roca firme, pues utiliza las Reglas ya aprobadas por la Iglesia, que contenían la experiencia de vida de otras congregaciones más antiguas.

Los fragmentos que Eugenio adaptó y tomó como propios, expresan claramente su espíritu ya experimentado, y al ser las Reglas de los Misioneros de Provenza, debemos verlas como su realidad propia, expresando el espíritu con el que Dios les llevó a dar respuesta a Su llamado.

Las Reglas son el Evangelio reflejado en la familia Mazenodiana a la luz de nuestro carisma.

HACE 200 AÑOS:  LAS CONSTITUCIONES Y REGLAS INDICAN A CADA OBLATO EL MODO DE CAMINAR SIGUIENDO LAS HUELLAS DE JESUCRISTO.

El objetivo en ellas fue comunicar lo que le motivaba a actuar y la actitud que le era particular al grupo de misioneros. Por medio de las Reglas como guía e instrumento de formación, buscaba transmitir el espíritu que habría de permear su vida y ministerio.
Actualmente, la Constitución 163 invita a los miembros de la familia Mazenodiana a seguir la inspiración del espíritu de Eugenio, consagrado en las Constituciones y Reglas:

Las Constituciones y Reglas indican a cada Oblato el modo de caminar siguiendo las huellas de Jesucristo. Se inspiran en el carisma que vivieron el Fundador y sus primeros compañeros; además han recibido la aprobación oficial de la Iglesia. Permiten así que cada uno evalúe la calidad de su respuesta al llamamiento recibido y llegue a ser santo.

HACE 200 AÑOS: LEAN Y MEDITEN SOBRE SUS SANTAS REGLAS

Por mi parte, mis muy queridos Hijos, me contentaré en resumir mi consejo en una sola recomendación: lean y mediten sobre sus Santas Reglas.

Circular 1, 2 de agosto de 1853, EO XII

Es evidente que la mayor parte del trabajo se había realizado en los años previos. Fue la ocasión de poner en palabras el espíritu mediante el cual vivió los sucesos de los años anteriores.
Al recopilar las Reglas de los Misioneros de Provenza en 1818, Eugenio pisaba suelo firme.
En primer lugar, esbozó la experiencia propia de la firme formación recibida en St. Sulpice y cómo le fue útil en la práctica en su vida y ministerio, por casi siete años después de su ordenación.
Sus ideales y reglas para la Congregación de la Juventud habían sido probadas e incluyó su experiencia en ellas.
A ello se añadió la experiencia de los casi tres años de existencia de los Misioneros de Provenza y su práctica en la vida comunitaria y ministerio al proclamar la Palabra de Dios a través de las misiones en Provenza y el ministerio en Aix.
Todo lo que había en el interior de Eugenio quedó plasmado en las Reglas.

HACE 200 AÑOS: REGLAS: EXPONER EN PALABRAS LA EXPERIENCIA DE VIDA

Eugenio pasó 13 días en St. Laurent, escribiendo las 55 páginas de las Reglas. Su biógrafo, Jeancard, lo describe en forma poética como Moisés “subiendo el Monte Sinaí para recibir los Mandamientos de Dios.”
Este no fue el caso – aunque el proceso de redacción fue realizado en un verdadero espíritu de oración y discernimiento de la voluntad de Dios. Es por ello que pudo decir con convicción a los Oblatos cerca del final de su vida:

Por mi parte, mis muy queridos Hijos, me contentaré en resumir mi consejo en una sola recomendación: lean y mediten sobre sus Santas Reglas. En ellas encontrarán el secreto de su perfección; contienen todo lo que es necesario para llegar a Dios.

Circular 1, 2 de agosto de 1853, EO XII

HACE 200 AÑOS: UN ESPÍRITU DE UNIDAD ENTRE LOS MISIONEROS

Al recibir la aprobación de todos los Misioneros para aceptar el compromiso de Ntra. Sra. du Laus como centro misionero, y el visto bueno para la redacción de las Reglas de Vida para el grupo, Eugenio salió de Aix para dirigirse a la casa familiar en St. Laurent du Verdon, con los hermanos escolásticos Marius Suzanne y Noel Moreau. Viajaron en carruaje público tirado por caballos. Describió el viaje a su tío Fortuné:

Nuestro viaje, mi muy querido Tío, ha sido muy agradable, muy feliz y nada cansado.
Nuestros Padres de Aix están siempre presentes en nuestro pensamiento; en nuestra soledad, hacemos nuestros ejercicios uniéndonos a ellos.

Carta a Fortuné de Mazenod, el 4 de septiembre 1818, E.O. XIII, n.17

“La felicidad nos espera en esta santa Sociedad que sólo tendrá un corazón y una sola alma”

Carta a Henri Tempier, el 9 de octubre 1815, E.O. VI n 4

HACE 200 AÑOS: FORTALECIENDO LOS LAZOS PARA LLEGAR A LA UNIÓN DE PENSAMIENTO Y ACCIÓN

En el proceso de discernimiento, Eugenio presentó a todos los Misioneros el establecimiento de una segunda comunidad y sus implicaciones. En sus Memoires recuerda:

Sentí que debía llamar a un consejo extraordinario a todos aquéllos que formaban mi pequeña banda, incluso a los jóvenes miembros que no contaban aún con las órdenes mayores. Deseaba convencerlos de que de responder el llamado de otra diócesis a establecer una nueva fundación,
§Habríamos de ampliar las Reglas que nos regían,
§Redactaríamos Constituciones más extensas,
§Fortaleceríamos nuestros lazos
§Así como que habríamos de establecer un sistema jerárquico;
§en otras palabras, coordinaríamos todo de tal forma que tuviéramos una misma forma de pensar y actuar.
Todos sentían lo mismo y me urgieron a dedicar mi tiempo en forma seria e inmediata a la tarea de redactar las Constituciones y Reglas que deberíamos adoptar.

Obispo de Mazenod, “Memoires.” Cita de Rambert, I, pág. 282

En este punto, toda la atención se enfocaba en llevar el ministerio al Santuario Mariano de Notre Dame du Laus. Como veremos más adelante, la cuestión de llevar una vida religiosa se convertiría en un “tema delicado” para algunos de los Misioneros que eran sacerdotes diocesanos.

HACE 200 AÑOS: EL DISCERNIMIENTO DEL GRUPO MISIONERO

La carta a los Misioneros, recibida de la Diócesis de Digne con el ofrecimiento de atender Notre Dame du Laus, mencionaba se requerirían dos sacerdotes. Durante el verano dedicarían todo su tiempo a los incontables peregrinos que llegarían a diario, y en el invierno evangelizarían las aldeas cercanas.

Las Mémoires de Marius Suzanne Rey describen el discernimiento respecto a esta solicitud:
El Fundador las evaluó. Para evitar la incertidumbre, decidió consultar a los compañeros que Dios le había dado. Reunió a los seis sacerdotes que formaban la pequeña Sociedad y les leyó lentamente la carta de M. Arbaud, deteniéndose en las partes más importantes, pidiéndoles expresar su opinión.Tuvo el cuidado de señalar que la aceptación de esta fundación tendría grandes repercusiones. Entre otras, la transformación de la Sociedad, que dejaría de ser diocesana y continuaría existiendo solamente por el compromiso de todos los miembros, a través de votos religiosos. Dicha propuesta no sorprendió a nadie, comenta el Padre Suzanne, y todos aceptaron con entusiasmo la fundación de la Casa de Nuestra Señora de Laus.

Rey I, p. 228.

Eugenio escribió entonces a las autoridades de la Diócesis de Digne:

… si piensa que el proyecto que ha concebido, puede procurar alguna gloria a Dios y contribuir a la salvación de las almas, estoy plenamente dispuesto…

Carta a M. Arbaud, el 23 de agosto 1818, EO XIII, n. 16

HACE 200 AÑOS: UN SALTO CUÁNTICO PARA LA FAMILIA MAZENODIANA

Dos años y medio después de la fundación de los Misioneros, esta carta aparentemente insignificante, fue la tanto la señal de una detonación en su vida, como un nuevo rumbo.

La carta fue escrita en respuesta a la invitación del Vicario General de la Diócesis de Digne. En ella solicitaba a los Misioneros de Provenza hacerse cargo del santuario de Notre Dame du Laus, a unos 150 kilómetros de Aix y convertirlo en un centro de peregrinación y actividades misioneras.

Mi único deseo es hacer un poco de bien; así que si piensa que el proyecto que ha concebido puede procurar alguna gloria a Dios y contribuir a la salvación de las almas, estoy plenamente dispuesto a prestarme para cualquier arreglo que pueda conciliarse con mis compromisos en esta diócesis y los deberes de mi cargo en nuestra pequeña Sociedad.

Carta a M. Arbaud, el 23 de agosto 1818, E.O. XIII, n. 16

El resultado de la carta de aceptación de Eugenio, fue que:
§ El pequeño grupo de Misioneros se dio cuenta que su futuro no estaba limitado a sólo una casa en Aix en Provenza – como fue su primera intención. Eventualmente abriría el camino a una expansión mundial;
§  El grupo de sacerdotes diocesanos cambiaría su situación, convirtiéndose en un grupo de sacerdotes y hermanos con votos religiosos;
§  Tendrían su primer Regla de Vida completa, como religiosos;
§  Comprendieron que el cuidado de los santuarios Marianos era parte de su carisma misionero.

El fruto de esa decisión es lo que son los Misioneros Oblatos hoy en día.

EL SAGRADO CORAZÓN

Como apasionado del amor a Jesús Salvador, no es de asombrar que Eugenio tuviera una fuerte devoción al Sagrado Corazón. En 1819 convirtió la iglesia de la Misión Oblata en Aix en el centro de su devoción. Al mudarse a Marsella, trataba de volver a Aix cada mes para estar con la comunidad Oblata los Viernes Primeros.  

No puedes dudar cuánto disfrutaría estar con ustedes para la Jornada del Sagrado Corazón, pero diversas razones me obligan a no hacerlo. La primera de ellas es una visita pastoral anunciada para un día antes y uno después de esa fecha…

Carta a Hippolyte Courtès, Junio 5, 1833, EO VIII núm. 446

Ahora como Obispo, parece que debía presidir la procesión de la Festividad del Sagrado Corazón a través de la ciudad. Los compromisos pastorales en Marsella no se lo permitían.

René Motte escribe acerca de cómo Eugenio inculcó en los demás la importancia del amor a Jesucristo.

Se cita a Eugenio al decirle al Padre Timon-David:

“No necesito recomendarle hacer comprender bien a sus jóvenes que al adorar al Sagrado Corazón de nuestro Señor, deben fijarse en el objeto de nuestro amor, extendiéndolo a la persona viva y presente de Jesucristo.”

Encontramos uno de los muchos ejemplos de su devoción, en la reacción del Beato José Gerard al enterarse de la enfermedad de Eugenio:

“Acabo de enterarme de que su Excelencia cayó gravemente enfermo. […] Recordamos con edificación su gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús: dirijámonos a él con la más viva confianza.”

(Ver R. Motte, “Sagrado Corazón” en https://www.omiworld.org/es/lemma/sagrado-corazon/)