SI CUMPLIMOS LA VOLUNTAD DE DIOS, TRIUNFAREMOS SOBRE LAS EXPECTATIVAS DE LOS HOMBRES, Y A PESAR DE ELLOS

 Eugenio confiaba en Dios a pesar de la oposición:

“Tienes razón en resignarte a lo que Dios decida para nosotros; nunca nos pedirá más de lo que podamos hacer. Los hombres son más exigentes que Dios, pero no es a los hombres a quienes debemos agradar. Si cumplimos la voluntad de Dios, triunfaremos sobre las expectativas de los hombres, y a pesar de ellos.”

Carta al P. Eugenio Guigues, Septiembre 27, 1842, EO IX núm. 777

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UNA IMAGINACIÓN PRISMÁTICA QUE EMBELLECÍA TODO Y HACÍA VER A CADA  PROSPECTO DESDE SU LADO MÁS RADIANTE

 El Padre Daly era un optimista y su juicio llevaría a los Oblatos a algunas dificultades más adelante. Sin embargo, sirvió para animar a los Oblatos a ir a esta parte del mundo y comenzar una exitosa provincia misionera.

“El Padre Daly,” según leemos en Chroniques de la province d’Angleterre, “contaba con una imaginación prismática que embellecía todo y hacía ver a cada prospecto desde su lado más radiante. “Sin duda dejándose llevar por el entusiasmo del Padre Daly y alentado por la cálida recepción en  Dublín, el Padre Aubert pronto tuvo grandes ilusiones. Sus cartas al Obispo de Mazenod han desaparecido, al igual que una que envió al Padre Honorat en Longueuil (Canadá), sin embargo, este Padre hizo un resumen de ello al escribir al Obispo de Mazenod el 23 de noviembre: “El Reverendo Padre Aubert nos escribió de Dublín para darnos muy buenas noticias, que incluso tendrán influencia aquí en Canadá entre nuestros amigos y enemigos. Inclusive nos prometió a alguien para la primavera. Es alentador tener una casa con noviciado en Inglaterra y una en Irlanda. Se esperan numerosos candidatos para el noviciado. Con seguridad Dios está interesado en nosotros y nuestra querida Madre nos protege.”

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DESEO FELICITARTE POR TU LOGRO

Al llegar a Dublín el 8 de agosto, el Padre Aubert fue recibido cordialmente por el Arzobispo y el alcalde de la ciudad, Daniel O’Connell, quien mostró interés en el espíritu de los Oblatos y prometió proteger una fundación Oblata.  Por su parte, los Obispos autorizaron el reclutamiento.

Leemos en el Diario de Eugenio:

“No hay nadie que quiera contribuir como el gran O’Connell, quien desea ser el primero en afiliarse y ha autorizado al P. Aubert a dar su nombre al prospecto que nos enviará los obsequios. Fue su deseo afiliarse a nuestra sociedad y recibió nuestro escapulario. Parece que el P. Aubert pasará el invierno en un seminario cerca de Cork, donde ayudará mientras espera comenzar su tarea.”

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 20, 1842, EO XXI

Eugenio escribió al mismo Padre Aubert:

“Deseo felicitarte por tu logro. Lo que me dices del excelente Sr. O’Connell me emociona. Es un gran protector…

Más adelante haremos algo mejor que darle el escapulario. Cuando su ayuda sea mayor podré darle participación canónica en las obras y méritos de la Congregación, como acabo de hacer con los bienhechores de Canadá.

Solo te encomiendo me escribas con frecuencia, al menos una vez al mes.”

Carta al P. Casimir Aubert, Septiembre 26, 1842, EO III núm. 2

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EL INICIO DE LA PROVINCIA ANGLO IRLANDESA

En las entradas recientes hemos puesto nuestra atención a la misión canadiense, aunque junto a ella, se estaba generando simultáneamente el impulso misionero en Inglaterra e Irlanda. (http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=3810).

El Padre Yvon Beaudoin nos da los detalles:

En todos los recursos históricos relativos a la provincia Anglo-Irlandesa, el Padre Casimir Aubert aparece como fundador de este campo apostólico de los Oblatos.

En el noviciado de 1837-1838 había recibido a un joven irlandés, William Daly, quien tomó el curso de teología junto con los escolásticos en el seminario de Marsella y fue ordenado al sacerdocio el 2 de mayo de 1841.

En el mes de mayo, algunos meses antes de la decisión de aceptar las misiones en Canadá, se presentó la oportunidad de enviar al Padre Daly a Inglaterra para explorar de primera mano la posibilidad de una fundación. “El propósito del viaje,” comentó el Obispo de Mazenod en su diario el 15 y 16 de julio de 1841, “es evaluar en el lugar cómo podría realizarse una fundación de los misioneros de nuestra Congregación …»

Eugenio soñaba con tener vocaciones de habla inglesa para ir como misioneros a Canadá y otros países donde se hablara ese idioma.

De haber determinado ya un vasto programa apostólico para el futuro establecimiento, el Fundador esperaba obtener vocaciones en Irlanda, y el Padre Daly debe haber recibido órdenes precisas en ese sentido. Predicó en varias iglesias en Londres, en el seminario Osctott cercano a Birmingham, dirigiéndose después a Irlanda, donde se reunió con varios obispos en el seminario de Maynooth. Recibió autorización para reclutar y a fines de 1841 envió a Marsella a siete postulantes, encomendados de momento al Padre Aubert; comentó que esperaba que la fundación no tuviera ningún problema.

El Obispo de Mazenod comprendió que debía aprovechar ese momento de gracia y enviar, tan pronto como fuera posible, a alguien de su confianza que hablara bien el inglés. La elección fue fácil, puesto que el Padre Aubert cumplía los requisitos y salió de Marsella a mediados de julio de 1842.

El Padre Aubert esperaba abrir pronto una casa de formación, pero no tardó en tener una desilusión: los Obispos no lo permitirían. Aun así, encontró un puesto como maestro en el Colegio St. Mary en Youghal, una institución destinada a proveer personal para las misiones.

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NO COMPRENDEN HASTA QUÉ PUNTO SOY SU PADRE

Como Superior General, Eugenio debía lidiar con las debilidades y problemas de sus Oblatos. Siempre se vio como el padre de ellos y le dolía no ser visto así.

“Carta del P. Bermond. Mi carta provocó una respuesta que me prueba falta mucho para poder  enviarlo a Canadá. No es que no sea un chico valiente, pero toma las cosas demasiado personalmente, malinterpreta la conducta de sus superiores hacia él, se ofende por ella y no sabe olvidar. Sigue recordando los informes que me habían dado de él. Todos los que se quejan de algo endurecen su corazón y desconfían de mis sentimientos, lo que es un grave error para ellos. No comprenden hasta qué punto soy su padre. Hace falta más que imperfecciones para cambiar el sentimiento que Dios me ha dado por todos los que se han consagrado a Él en la congregación. Y Bermond en particular me hace muy poca justicia al escribir que las nubes sobre Laus han debilitado el afecto que siento por él.” [ed los Oblatos se habían visto forzados a dejar el santuario Notre Dame du Laus, ocasionando un gran sufrimiento a Eugenio]

Diario de Eugenio de Mazenod, Octubre 4, 1842, EO XXI

La relación del Padre Bermond y Eugenio fue difícil en los siguientes años y a pesar de sus defectos, el P. Bermond realizó un buen trabajo misionero en Canadá.  “Ciertamente Dios se vale de todos nosotros, ¡aun con nuestros defectos!

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ESTÁ OBLIGADO BAJO PENA DE PECADO A NO MATAR A SU MADRE

Al escribir en su diario al finalizar cada día, Eugenio hacía un recuento no solo de los sucesos, sino también de sus reacciones. El diario revela un sentido del humor irónico en el que se expresa en privado, pues no era para lectura de nadie más.

En esta entrada vemos sus comentarios respecto a uno de los Oblatos que tenía alrededor un grupo pequeño de monjas algo trastornadas con quienes intercambiaba correspondencia sobre temas espirituales esotéricos.  Eugenio no tenía tiempo para ello.

“Tenemos religiosos, hombres que pretenden tener en exclusiva el secreto de la perfección, que pretenden realizar una alta espiritualidad con algunos a los que llaman ángeles terrenales y que solo son fanáticos que imitan de la manera más ridícula a las almas de élite, y que no entienden siquiera el lenguaje que se atreven a emplear, y que incluso exageran en su ridícula correspondencia. ¡Qué pena!”

Eugenio deseaba enviar a este Oblato «espiritual» como misionero a Córcega.

“Es inconcebible hasta qué punto este buen padre se hace ilusiones. Su carta me da lástima. Cree que su madre moriría si él fuera a Córcega, y que por tanto está obligado bajo pena de pecado a no matar a su madre, de ahí que no pueda en conciencia seguir mi obediencia para ir a ese país. ¡Éstos sí son grandes religiosos!”

Diario de Eugenio de Mazenod, Octubre 1°, 1842, EO XXI

A pesar de causar este arrebato, el Oblato en cuestión probó ser un misionero dedicado y exitoso en los siguientes 30 años.

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PROBLEMAS Y BENDICIONES EN CANADÁ

Eugenio respetaba al Padre Casimir Aubert, con quien compartía muchos de sus pensamientos más íntimos. Eugenio le confió:

“Por otra parte, los Padres del Canadá me ocasionan grandes penas. El P. Baudrand, sorprendido de más por la poca concordancia entre las ideas del P. Honorat y las del P. Telmon, a pesar de las recomendaciones que les hice a todos, ha llenado nuestras casas con sus quejas exageradas… y es a miles de kilómetros de aquí donde ocurren esas cosas.

Es imposible que la gente de fuera no perciba el desorden y que nuestro hermoso futuro en esa región quede terriblemente comprometido…”

En medio de dichas penas, Eugenio exclamó:

“Sin embargo, Dios hace milagros por nosotros, a pesar de las dificultades causadas…”

Agradece la generosidad de los benefactores laicos que brindan apoyo material a los misioneros, y continúa dando gracias por las bendiciones de Dios:

“En cuanto a lo espiritual, las 10 misiones que nuestros Padres han predicado hasta ahora, han sido acompañadas de abundantes bendiciones.”

El excelente ministerio de los Oblatos comenzó a atraer vocaciones y solicitudes de otras diócesis:

“Se han unido a nosotros dos excelentes sacerdotes y se han anunciado otros. Los obispos de Toronto y de Quebec nos solicitan. Pero temo que todo fracase por esos indignos hijos que no saben aguantar ni sacrificar nada sino sus propios defectos. Estoy tan indignado como afligido a causa de esa conducta.”

Carta a Casimir Aubert, Septiembre 26, 1842, EO III núm. 2

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HOMBRES TAN IMPERFECTOS QUE HAN DEFRAUDADO MIS ESPERANZAS

Hemos visto los ideales y sueños optimistas y nobles de Eugenio y los misioneros respecto al primer grupo de Oblatos enviados a Canadá. Un año después, comienzan a aparecer algunas grietas. En cualquier empresa humana es normal ver cómo comienza a haber incomprensión, fallas, el culpar a los demás y sentir desánimo. Sin embargo, Eugenio no toma este comportamiento de buena manera y muestra su naturaleza apasionada en su reacción.

Uno de los misioneros en Canadá, Lucien Lagier de 28 años, había sido influenciado en forma negativa por otro miembro del equipo y dirigido una carta a algunas personas en Europa al haber encontrado algunas fallas, y había llegado a oídos de Eugenio.

“He leído una carta de Lagier, tan indigna de quien solo tuviera las primeras nociones de su deber. Obedecí a la necesidad al enviar tan lejos a cumplir tan bella misión a unos hombres tan imperfectos, que han defraudado mis esperanzas y trabajan en destruir lo que Dios fundó. Estoy enfermo de pena.

Carta al P. Francois Bermond, Septiembre 8, 1842, EO I núm. 12

Eugenio sigue iracundo al vaciar sus sentimientos en su diario personal:

“Las cosas no irían mejor en América si el P. Baudrand no sembrara esa división enconada, inspirada al pobre Lucien Lagier…

He aquí la carta que este joven hermano tiene la insolencia de escribirme. Es bueno conservar documentos semejantes para ayudarnos a enjuiciar a los falsos hombres que el infierno ha introducido entre nosotros… ¡Qué descaro atreverse a decir esto a su superior, a un obispo, recordarle su deber al que, según él, ha faltado, cuando nadie jamás ha encontrado en la regla una disposición tan contraria al sentido común y a las nociones básicas de una administración regular.”

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 20, 1842, EO XXI

El enojo y desilusión de Eugenio con el P. Lagier no duró mucho y reconoció la bondad del misionero, que dedicó los siguientes 32 años de vida en servicio generoso y de éxito con la gente en Canadá.

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SI HA SUCUMBIDO ANTE UNA PRUEBA TAN SENCILLA COMO ÉSTA, ¿QUÉ SERÍA EN UNA MISIÓN DIFÍCIL?

 El Padre Bermond había suplicado a Eugenio enviarlo a Canadá como uno de los primeros misioneros, pero Eugenio tuvo dudas y no lo incluyó. En la entrada anterior vimos cómo el P. Bermond se resistió a ser enviado de una comunidad en Francia a otra, por lo que Eugenio le respondió en forma cariñosa, pero contundente. 

“Después de reflexionar vuelvo a su carta y debo decirle que me causó mucha pena. Su resistencia en algo tan sencillo, las malas razones que da,  la insistencia en que cambie mi  decisión, sin considerar el problema en el que pueda ponerme, todo me ha hecho reflexionar. Primero, si su salud es tan precaria que temía el cambio de aire de Marsella a Aix por unos meses, ¿no sería una gran imprudencia exponerle a una travesía de miles de kilómetros para vivir en un país donde el clima es tan frío en invierno y tan caluroso en verano?
Luego, para las misiones tan lejanas en las que se pueden prever tantas dificultades y el servicio puede exigir tantos sacrificios y tanta fatiga física, hacen falta hombres de gran abnegación y obediencia absoluta, hombres de sacrificio, que actúen con prontitud y agrado, aún en contra de sus propias ideas.  Si ha sucumbido ante una prueba tan sencilla como ésta ¿qué sería en una misión difícil?
… Mi deber es enviar hombres fuertes en la regularidad, amantes de la disciplina religiosa, celosos del honor de la Congregación, que los demás critican.
Me despido mi querido hijo, por falta de papel, y le abrazo.

Carta al P. Francois Bermond, Septiembre 8, 1842, EO I núm. 12

Encontramos un buen ejemplo de la paternidad de Eugenio: sincera y directa y aun así, un padre amoroso que deseaba lo mejor para sus hijos Oblatos.

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AQUÉLLOS QUE TIENEN LA COSTUMBRE DE QUEJARSE EN CUANTO SE TOCAN SUS CONVENIENCIAS PERSONALES

En su papel como líder de la Congregación, Eugenio debía distribuir a los Oblatos según las necesidades de las misiones de las que nos encargábamos. En algunas ocasiones encontraba dificultades debido a los gustos o disgustos personales. 

“Le comunico cuánto me ha desagradado la reticencia mostrada por el P. Bermond a la perspectiva de ir temporalmente a la residencia de Aix. El pretexto de la salud no es admisible para quien está dispuesto a ser enviado a los confines de la tierra.”
El Padre Bermond había insistido en que debía ser enviado a Canadá como misionero y aún así se quejaba respecto a una asignación temporal a una comunidad a 80 kilómetros de distancia.
“Su reticencia dificulta la administración y es contraria a los principios básicos de la regularidad y de una buena disciplina. No puede admitirse en ninguna parte.”
Luego Eugenio comenta con ironía que todos los Oblatos que se quejaran debían quedar a cargo de encontrar el personal para ir a las misiones ¡y cambiarían su tono rápidamente!
“Querría dejar la tarea de combinar las necesidades de todas nuestras casas y el personal a repartir, a quienes tienen la costumbre de quejarse en cuanto se tocan sus conveniencias personales. Me gustaría ver cómo lo hacen.”

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 7, 1842, EO XXI

Eventualmente Eugenio cedió al deseo del P. Bermond, dejándolo donde se encontraba. 

“No había contestado a su carta del 30 de agosto, mi querido P. Bermond. Solo informé al P. Ricard que decidí, no por sus razones, sino por su disgusto, dejarle en Lumiéres.”

Carta al P. Francois Bermond, Septiembre 8, 1842, EO I núm. 12

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