ES DEBER DEL SUPERIOR ENSALZAR A TODOS SUS HERMANOS, TAL COMO ES EL DEBER DE ELLOS ENSALZAR AL SUPERIOR

Continuamos la entrada anterior donde vimos a Eugenio corregir al Padre Honorat por haber compartido las fallas de algunos de los miembros de su comunidad con el obispo de la diócesis.

“Es deber de un Superior ensalzar a todos sus hermanos, tal como es el deber de ellos  ensalzar al Superior. Esa caridad mutua es en provecho del grupo entero, facilitando el bien que está llamado a hacer. Deja entonces cualquier preocupación y utiliza todo lo que recibes,  comprendiendo siempre lo humano, sin sorpresa ni pena”.

Carta al P. Jean Baptiste Honorat, Octubre 7, 1843, EO I núm. 27

Pude comprender el poder de estas palabras a través del antiguo Superior General, el Padre Marcello Zago uno de los sucesores de San Eugenio, cuando al haberme asignado a un puesto de responsabilidad y tomar una mala decisión respecto a algo por hacer que involucraba a otras personas y que no podía cambiarse por un año, me llamó y de forma firme me hizo consciente de los inconvenientes de mi decisión. Después de llamarme la atención, añadió: “Sabes que no estoy de acuerdo contigo, pero aun así apoyaré y defenderé tu decisión”. Al año académico siguiente pude corregirlo y nunca he olvidado esa lección de cómo una figura de autoridad se relaciona con, corrige, pero apoya a sus compañeros.

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LAS DIFICULTADES PUEDEN ARREGLARSE ENTRE HERMANOS, PERO QUEDAN PARA SIEMPRE EN LA MENTE DE UN EXTRAÑO

El Padre Honorat, superior de los Misioneros en Canadá, había confiado las dificultades en su comunidad al Obispo de Montreal. Al enterarse de ello, Eugenio no estaba feliz.

“Temo que en tus comunicaciones privadas con el Obispo hayas hablado demasiado abiertamente sobre tus hermanos y solo te preocupe haber puesto en el espíritu del prelado las dificultades de ese momento. De no ser así, sería muy enojoso, pues las dificultades pueden arreglarse entre hermanos, pero quedan para siempre en la mente de un extraño.

¿Qué caso tiene eso? Tal vez hayas encontrado alivio momentáneo por la confidencia, pero el daño hecho al individuo y de rechazo a la familia es irreparable”.

Carta al P. Jean Baptiste Honorat, Octubre 7, 1843, EO I núm. 27

Un importante recordatorio para todos nosotros.

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TEN UN POCO MÁS DE CONFIANZA EN DIOS, MI QUERIDO PADRE

A partir de 1816, siempre se hacía referencia a los escolásticos como «los Oblatos», incluso antes de que la Congregación entera recibiera ese nombre diez años después. En los 27 años de nuestra existencia hasta entonces, debieron mudarse a varios lugares para sus estudios y formación: Aix en Provence, Laus, Marsella, y después por un año, a Notre Dame de L’Osier. Ahora llegaba la hora de que tuvieran una casa permanente en Marsella, que Eugenio marcó en su diario.

“Carta al Padre Guigues para llamar a Marsella a todos los escolásticos para que hagan ahí sus estudios teológicos y filosóficos”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Octubre 1°, 1843, EO XXI

Tanto el Padre Guigues como la comunidad local estaban molestos con la decisión, pues los jóvenes escolásticos daban vida y vitalidad al Santuario Mariano, donde seguiría el noviciado.

“Ten un poco más de confianza en Dios, mi querido Padre. Cuando los Oblatos hayan dejado l’Osier, llegarán novicios para reemplazarlos. Sabes bien que fue solo circunstancial que permanecieran ahí el año pasado, no podía ser permanente…

Todos nuestros Oblatos harán sus estudios filosóficos y teológicos en mi seminario en Marsella. Todo está listo para recibirlos, que lleguen cuanto antes”.

Carta al P. Bruno Guigues, Octubre 2, 1843, EO X núm. 816

El Padre Henri Tempier sería su director de formación. Con los escolásticos en su ciudad, Eugenio pudo tener un contacto regular con ellos y compartirles el espíritu de su carisma y celo misionero, que en nuestros días, al estudiar su vida y escritos como miembros de la Familia Mazenodiana, continúa llenándonos de su espíritu.

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EL ESPÍRITU SANTO DERRAMÓ A MANOS LLENAS SOBRE EL NUEVO OBLATO LA UNCIÓN DE SUS DONES

Leonard Baveux fue un sacerdote Sulpiciano de 47 años, ordenado en 1828. Al conocer a los Oblatos en Montreal descubrió estar llamado a la vida misionera, por lo que se unió a ellos y el 2 de agosto hizo su compromiso de por vida a través de la oblación perpetua, escribiendo a Eugenio al respecto. Leemos en el diario de Eugenio:

“Carta del Padre Léonard [Baveux] al día siguiente de su profesión en la que expresa la de la forma más conmovedora la dicha encontrada. El señor obispo de Montreal le dirigió un discurso muy paternal; en esa hermosa ceremonia también estuvo presente el señor obispo de Kingston. La capilla estaba llena de amigos y párrocos, así como un Padre Jesuita. Las lágrimas de nuestro Padre Léonard hicieron brotar las de todos los asistentes”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Septiembre 19, 1843, EO XXI

Más tarde, en una carta al Obispo de Montreal, Eugenio se refirió a su participación en la ceremonia de oblación.

“Acabo de recibir carta del P. Leonard, escrita al día siguiente de su profesión, ¡Qué consuelo recibir el relato de todo lo sucedido esa hermosa mañana! Y a juzgar por su relato, parece que el Espíritu Santo derramó a manos llenas sobre el nuevo Oblato la unción de sus dones. Después de agradecer al Señor, deseo expresarle Monseñor, cuán conmovido estoy por su paternal caridad hacia mis queridos hijos, que son suyos también. ¡Las palabras que les dirige, demostrando su bondad con ellos, les hacen un bien incalculable y son felices de tener un Padre como usted! Es por ello que estoy sin preocupación, a pesar de la distancia que les separa de mí. Es como si estuviera junto a ellos”.

Carta al Obispo Bourget de Montreal, Octubre 1°, 1843 núm. 26

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NO PUEDES CREER EL GUSTO QUE ME DA TODO CUANTO ME RECUERDA A LOS HIJOS QUE DIOS ME HA DADO

Separado por el Océano Atlántico de sus Misioneros en Canadá, Eugenio estaba constantemente unido a ellos en el pensamiento y en la oración de oraison. El Padre Dandurand le había enviado un dibujo de la casa donde se estableció la comunidad oblata.

Os agradezco, mi querido P. Dandurand, el plano que me ha-béis mandado. Me basta para tener una idea de los lugares que habita una porción tan querida de mi familia. Eso me da tiempo para esperar que me prepararéis un plano más cuidadoso que pueda enmarcar y colocar en mi gabinete. No podéis creer el gusto que me da todo cuanto me recuerda a los hijos que Dios me ha dado.

El amor del Fundador por sus hijos era mucho más que una emoción humana. Amaba a sus oblatos porque vivían según el carisma que Dios había dado a la Congregación. Se regocijaba por la manera en que amaban a Jesús Salvador y hacían una oblación de sus vidas para llevar a los más abandonados al mismo amor. Ahora les recordó las condiciones necesarias para mantener esta relación.

Dedicaos todos a hacer nuestra comunidad bien fervorosa. La fidelidad a las Reglas, la exacta disciplina, el soporte mutuo, la buena voluntad para hacer prontamente y con agrado todo cuanto la obediencia pide, son esas virtudes cuya práctica hace la religión un verdadero paraíso terrenal. Sé que lo habéis comprendido des-de el ingreso en la Sociedad y me alegro en el Señor bendicién-doos de todo corazón.

Carta al padre Damase Dandurand, 11 de agosto 1843, EO I n 23

Hoy, a través de la comunión de los santos, Eugenio sigue rezando por «sus hijos»: todos los miembros de todas las categorías de su familia mazenodiana que siguen amando a Jesús como su Salvador y dándolo a conocer a los que más lo necesitan.

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VEO ALGUNA DIFICULTAD EN LA COMPRA DE UNA VACA

Normalmente me enfoco en los extractos más espirituales de los escritos de San Eugenio. Aparte de dirigir una enorme diócesis, una Congregación misionera y sus actividades, ¡también opinaba sobre lo mundano!

“Mi querido hijo, el P. Tempier no ha regresado aun de un pequeño viaje que tuvo que hacer, por lo que entonces daré respuesta a la carta que acabas de dirigirle. Estoy completamente de acuerdo en que se deshagan de sus caballos. No veo por qué privarse de 600 francos de renta que produciría su prado, por el gusto de alimentar a dos animales casi inútiles…

Me hablas de un viaje por mes y veo alguna dificultad en la compra de una vaca. Ese animal consumirá su heno y quedarán entonces sin el ingreso del prado. En verdad necesitan abono, pero aunque puedan conseguirlo engordando cerdos, cuya venta cubre el gasto que ocasionan, pienso que también se podría conseguir a buen precio en el pueblo vecino. Sin embargo, sería oportuno tener una cabra que proveyera leche a nuestros Padres, que podrían necesitarla”.

Carta al Padre Etienne Semeria en Vico, Córcega, Agosto 24, 1843, EO X núm. 813

Me recuerda a una gran mística, Santa Teresa de Ávila, quien decía que encontraba a Dios entre las ollas en la cocina.

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SERÁ COMO EL UNIFORME QUE NOS CONSTITUYE EXTERIORMENTE COMO LA TROPA DE ÉLITE DE MARÍA

Encontramos esta nota en el diario de Eugenio:

“Es apropiado relatar aquí el privilegio que nuestro Santo Padre, el papa Gregorio XVI otorgó a nuestra Congregación respecto al escapulario o pequeño hábito de la Santísima Virgen, decretado por el Capítulo General de 1837”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Agosto 20, 1843, EO XXI

El Capítulo General de 1837 había solicitado se entregara un escapulario de tela de la Virgen María a cada Oblato el día de su oblación perpetua. La costumbre continúa hasta hoy, excepto que el escapulario de tela se reemplazó por una medalla de María Inmaculada.

“He hecho copiar el escrito que autoriza a los superiores a bendecir los escapularios de la Inmaculada Concepción que adoptó el Capítulo de 1837. Nuestros Padres llevan con ellos el modelo de la forma aceptada para los hábitos y se confeccionarán parecidos para todos los profesos. No hemos tenido tiempo para hacer grabar la imagen que deberá ser aplicada sobre ese hábito; les serán entregadas cuando estén hechas y mientras tanto se utilizará el escapulario sin imagen. Es necesario que todos los miembros de la Congregación quieran ese hábito oculto que les será propio. Será como el uniforme que nos constituye exteriormente como la tropa de élite de María. El día de la oblación será bendecido solemnemente y colocado momentáneamente sobre la sotana del nuevo Oblato. Después de la ceremonia, lo ocultará debajo de la sotana, teniendo cuidado de hacer caer los dos extremos, uno sobre el pecho y otro sobre la espalda…”

Carta al Padre Jean Baptiste Honorat, Agosto 18, 1843, EO I núm. 24

El significado del escapulario sigue vigente hasta hoy:

“La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Y dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”.

CC&RR Constitución 10

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UNA INVITACIÓN A REZAR CON LA FAMILIA MAZENODIANA EN TODO EL MUNDO

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OBLACIÓN: NOS  ENTREGAMOS  A  ÉL  SIN  RESERVA  Y  SIN CONDICIONES

Eugenio continúa su reflexión en el significado de la oblación del Hermano Charles Baret, quien acababa de profesar sus votos perpetuos.

“Querido hijo, acostúmbrate pronto a confiar en Dios sin reserva. Hay que ser completamente generoso con un Padre tan bueno, que es al mismo tiempo tan grande y  poderoso. Nada de reserva cuando uno se entrega a él. Él conoce tus necesidades y los deseos legítimos de tu corazón, nada más hace falta. Desea, con razón, que nos consideremos honrados, que nos sintamos felices por ser admitidos en el secreto de la intimidad de sus discípulos privilegiados, y que a cambio y por gratitud, nos entreguemos a él sin reserva y sin condiciones…  Te has consagrado a Dios, a su Iglesia, a la Congregación…
Me despido mi querido hijo, dándote mi primera bendición y abrazándote con todo mi corazón”.

Carta al Hermano Charles Baret, en Notre Dame de L’Osier, Agosto 18, 1843

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OBLACIÓN: EL SALVADOR, JESUCRISTO, NUESTRO MAESTRO COMÚN, HA RECIBIDO TUS VOTOS, TE HA ADOPTADO Y MARCADO CON EL SELLO QUE NOS CONSTITUYE EN LO QUE SOMOS

Antes de hacer su oblación perpetua, Charles Baret de 18 años, había escrito a Eugenio, quien le contesta:

“Mi querido hijo, eras solo novicio cuando me escribiste el 5 de agosto y hoy eres hijo de la Congregación, que se gloría por justo título de tener a la Santísima Virgen María Inmaculada por madre; estás consagrado a Dios de por vida y más allá por tu oblación, y debo agregar con toda humildad y gran consuelo, que con ello también me he convertido en tu padre. No te conozco personalmente, pero como el afecto que me une a mis hijos es esencialmente de orden espiritual, me basta saber que N. S. Jesucristo, nuestro maestro común, ha recibido tus votos, te ha adoptado y marcado con el sello que nos constituye en lo que somos, para que los lazos de la caridad nos unan y que yo sea por siempre para ti lo que tú eres para mí”.

Carta al Hermano Charles Baret, en Notre Dame de L’Osier, Agosto 18, 1843

¡Una hermosa reflexión sobre la relación entre cada miembro de la Familia Mazenodiana y nuestro Fundador y Padre, San Eugenio!

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