EL PLAN INMUTABLE DE LA VIDA MISIONERA APOSTÓLICA (C3)

La llamada y la presencia del Señor entre nosotros hoy nos unen en la caridad y la obediencia para recrear en nuestras propias vidas la unidad de los apóstoles con Él y su misión común en su Espíritu. (Constitución 3)

Desde el primer momento en que Eugenio propuso su visión misionera, hace doscientos años, el modelo fundamental, o plan, que debía seguirse nunca cambiaría. Toda su existencia misionera se basaba en la de Jesús y los apóstoles. El modelo de la relación de cada uno con Jesús, sus relaciones entre ellos, y sus objetivos y
métodos misioneros debían ser los de Jesús y sus discípulos tal como se describen en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles.

El misionero, al estar específicamente llamado al ministerio apostólico, debe aspirar a la perfección. El Señor lo destina a manifestar de nuevo, entre los de su propio tiempo, las cosas maravillosas que hicieron en la antigüedad los primeros predicadores del Evangelio.

Debe, pues, seguir sus pasos, estando firmemente convencido de que los milagros que debe realizar no son efecto de su elocuencia, sino de la gracia del Todopoderoso, quien se comunicará a través de él con mayor abundancia cuanto más virtuoso, más humilde o, por decirlo todo en una palabra, más santo sea.

Carta a M. Viguier, 6 de enero de 1819, EO VI n.º 38

El plan se mantiene sin cambios hasta hoy.

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