LA APROBACIÓN DE LOS OBLATOS: OBLATOS DE MARÍA – ORGULLOSOS DE NUESTRA DIGNIDAD Y DE LOS DERECHOS QUE NOS CONFIERE

El 17 de febrero de 1826 las autoridades eclesiásticas dieron su aprobación a los Misioneros Oblatos.

En respuesta a la euforia de los Oblatos por la aprobación, Eugenio reflexiona sobre el nombre de nuestra familia.

“ ¡Ojalá comprendamos bien lo que somos!
Espero que el Señor nos concederá esa gracia, con la asistencia y por la protección de nuestra santa Madre, María Inmaculada, a quien hemos de profesar una gran devoción en nuestra Congregación. ¿No le parece que es una señal de predestinación llevar el nombre de Oblatos de María, es decir, consagrados a Dios bajo los auspicios de María, de quien la Congregación lleva el nombre como apellido que le es común con la Santísima e Inmaculada Madre de Dios?
Es como para que nos tengan envidia; pero es la Iglesia la que nos ha dado este hermoso título”

» Consagrados a Dios bajo el patrocinio de María»

De hecho, fue el mismo Eugenio quien había cambiado el nombre de “Misioneros de Provenza” a “Oblatos de María Inmaculada”, solicitando al Papa aprobar el cambio. (cf.http://www.eugenedemazenod.net/esp/?p=1970). Fue así que la Iglesia nos “otorgó” el nombre. La Iglesia ratificó la inspiración que Eugenio había recibido en cuanto a nuestro nombre y la identidad que nos confiere. En este sentido, nuestro nombre e identidad pertenecen a la Iglesia, por lo que:

“nosotros lo recibimos con respeto, amor y agradecimiento, orgullosos de nuestra dignidad y de los derechos que nos da a la protección de la Todopoderosa ante Dios”.

Carta a Henri Tempier, Marzo 20, 1826, EO VII núm. 231

 Hoy en día continúan estos sentimientos, como muestra nuestra Regla de Vida:

“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia.” CC&RR Constitución 10

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OBLATOS DE MARÍA INMACULADA  ¿CÓMO NO HEMOS PENSADO EN ELLO ANTES?

 En 1825 Eugenio partió a Roma buscando el reconocimiento oficial del Papa y de la Iglesia para los Misioneros y su Regla. Fue ahí donde recibió la inspiración de cambiar nuestro nombre a Oblatos de María Inmaculada.
Una vez que la decisión había sido tomada y que Eugenio había solicitado el nuevo nombre, se llenó de regocijo al haber hecho lo correcto.

“Oblatos de la Santísima Virgen María. ¡Pero si es un título para el cielo! ¿Cómo no hemos pensado en ello antes?”

Carta a Henri Tempier, Diciembre 22, 1825, EO VI núm. 213

“ ¿Cómo no hemos pensado en ello antes?

Eugenio “Parece darse cuenta de que, aunque siempre había amado a María, no había comprendido aún el papel esencial que ella ejerce en el proyecto de la Redención. Al buscar el patrono que mejor expresara el fin de su Congregación, es decir una persona seguidora de Cristo, comprometida en el apostolado al servicio e instrucción de los pobres, no había pensado en María. En Roma, comprende lo que es verdaderamente María. El nombre de la Congregación nace, pues, de un descubrimiento según el cual sus miembros, para responder realmente a las urgencias de la Iglesia, deben identificarse con María Inmaculada, “ofrecerse” como ella al servicio del proyecto salvífico de Dios.”

Casimir Lubowicki, “ María” en el Diccionario de valores oblatos, https://www.omiworld.org/es/lemma/maria/

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DESCUBRIENDO A MARÍA EN NUESTRA MISIÓN

Dos años después de la fundación de los Misioneros, fuimos invitados a asumir el cargo de la misión del santuario Mariano de Notre Dame du Laus.

Después de la visita a Nuestra Señora du Laus, Eugenio describió el lugar y la evangelización que los Misioneros habrían de realizar desde ahí:

“Hemos formado un establecimiento en Ntra. Sra. de Laus: lo que nos pone en relación directa con la diócesis de Gap, de Digne, de Embrum y de Sisteron.
Nos hemos hecho los guardianes de uno de los más célebres santuarios de la Santísima Virgen, en el que Dios gusta manifestar el poder que ha otorgado a esa querida Madre de la Misión”.

Carta a Pierre Mie, octubre 1818, E.O. VI n.31

En ese momento los Misioneros no tenían una identidad Mariana específica, pero al trabajar en Laus comenzó a manifestarse, al comprender que los santuarios Marianos formaban parte de su trascendencia misionera.

Eugenio escribe sobre esta misión diecisiete años después:

“Con toda razón se atribuye al cuidado que la Congregación siempre ha tenido, el cumplir su misión en este lugar bendito. De ahí el incesante aumento de fieles que llegan a los pies de nuestra buena Madre, con la seguridad de encontrar en la escalinata del trono terrenal a la Reina del Cielo, a los ministros del celo de su divino Hijo, con la encomienda especial de reconciliar a los pecadores a quienes su Madre de misericordia llama al perdón y a la paz, a través de su poderosa protección. Por ello tantas conversiones. Una renovación del fervor para tantas almas impías que a diario atrae el perfume de María, el brillo de las maravillas que nunca deja de realizar, y hay que decirlo, por la edificación que produce ver la normalidad de la comunidad”.

E. MAZENOD, Acta de Visita de la casa de Notre-Dame de Laus, Octubre 18, 1835

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UN DÍA DE FELICIDAD Y BENDICIONES PARA TODOS LOS MIEMBROS DE NUESTRA FAMILIA MAZENODIANA

En este 200 aniversario de la bendición de la estatua de la Madonna Oblata y de todas las bendiciones que nos ha prodigado, les invito a reflexionar en el ícono en que se basa. Lauretta Agolli, escritora del ícono, nos explica:

“Se trata de un Ícono Bizantino de María inspirado por la estatua de la Madonna Oblata y de su importancia en la vida de San Eugenio y la Familia Mazenodiana. 

El ícono de «María, Corazón de los Estudios Oblatos» fue creado para los Oblatos de María Inmaculada como distintivo del programa internacional de Estudios Oblatos establecido por la Cátedra Kusenberger de Estudios Oblatos. 

Esta imagen sagrada representa una realidad que supera nuestros sentidos terrenales, haciéndonos visible un mundo invisible. Es un llamado bidimensional (sin profundidad) a todos los que lo miran, para cruzar al otro lado. 

La imagen de María muestra 12 estrellas rodeando su cabeza,  representando la corona de la inmortalidad. Su túnica dorada es el símbolo de la presencia de Dios envolviendo su vida. Observamos en este ícono el brillo del oro, reflejando los infinitos matices y aspectos de Dios, mostrados por María en su discipulado.

La mirada de María se dirige a Dios con amor y atención, siendo este amor y el mensaje de Dios lo que colma su corazón (con una mano sobre su corazón), y al recibirlo extiende su mano hacia nosotros, para compartir todo lo que recibe de Dios. Es un intercambio elíptico entre Dios y el espectador, a través del Corazón de María.

El color azul en el fondo es el de la divinidad y representa además el infinito del cielo y el mundo imperecedero; es el color de la Madre de Dios, quien es transcendental. María se encuentra de pie sobre la luna creciente y la forma entera de la luna es solo visible parcialmente al mundo, y está también en parte en el mundo invisible. La luna nos invita igualmente a llevar nuestra mirada al otro lado.

El color verde de la serpiente es el de la naturaleza y la tierra. El que María esté pisando la cabeza de la serpiente se refiere a la primera promesa Bíblica de salvación (Génesis 3:15), sugiriendo su petición al espectador de enfocarse menos en las tentaciones que rodean a nuestro mundo y más en la certeza de Dios de ser salvados, que San Eugenio proclamó durante toda su vida. 

Mientras escribía acerca de este ícono, fui atraída por el corazón de María Inmaculada que escucha y comparte, y que con seguridad fue el mismo corazón que escucha y se comunica, que le habló a San Eugenio. A través de este ícono, el corazón de María expresa la misión de San Eugenio al sentir y proclamar el amor de Dios, que es también la misión de la Cátedra Kusenberger de Estudios Oblatos”.

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HACE 200 AÑOS, EL 15 DE AGOSTO DE 1822

Volvemos a 1822. En medio de todas sus preocupaciones acerca de la sobrevivencia de su recién formada familia misionera, Eugenio celebró la fiesta de la Asunción, día que dejaría una imagen permanente en nuestra Familia Mazenodiana.

 “Las cartas de Eugenio de 1822 han mostrado las muchas preocupaciones y dificultades que experimentaba. No menos importante entre ellas estaba su preocupación por la sobrevivencia y el futuro de su pequeño grupo de Misioneros. Fue en este espíritu que bendijo la nueva estatua en la capilla, la cual se convirtió en la oportunidad de una fuerte percepción dadora de vida. De inmediato escribió a Henri Tempier, quien se encontraba en Laus.

“Creo también deberle un sentimiento particular que he sentido hoy, no digo precisamente más que nunca, pero ciertamente más que de ordinario”.
Eugenio normalmente era reservado y no comentaba sus experiencias espirituales profundas. Su experiencia “más que de ordinario” estaba conectada con la vida de los Misioneros de Provenza, quienes atravesaban dificultades externas y cuya existencia en el futuro pendía de un hilo.

“No lo definiré bien porque encierra varias cosas que se refieren sin embargo todas a un solo objetivo, nuestra querida Sociedad”.

Luego describe la confirmación recibida de que la fundación de los Misioneros había provenido de Dios y Dios le había asegurado un futuro sólido para su grupo.

“Me parecía ver, tocar con el dedo,
que encerraba el germen de muy grandes virtudes,
que podría hacer un bien infinito;
la encontraba buena,
todo me gustaba en ella,
amaba sus reglas, sus estatutos;
su ministerio me parecía sublime, como lo es en efecto.
Encontraba en su seno unos medios de salvación asegurados, hasta infalibles, del modo como se me presentaban a mí”.

Carta a Henri Tempier, Agosto 15, 1822, EO VI n. 86

Esta fue la gracia que la Madonna Oblata había conseguido para Eugenio: la seguridad proveniente de Dios de que iba por el camino correcto y necesitaba perseverar, a pesar de todas las tormentas a su alrededor, que parecían amenazar la existencia de los Misioneros.

Doscientos años después, continuamos cosechando el fruto de esta confianza con que nuestra Madonna Oblata nos “sonrió”.

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MARÍA INMACULADA, MADRE DEL SALVADOR

En nuestra preparación para celebrar el bicentenario el 15 de agosto, recordemos el día que dejaría una imagen permanente en la historia de nuestra Familia Mazenodiana; de ahí la importancia de ver lo sucedido. Achille Rey, quien conocía bien a Eugenio, escribió en su biografía:

“El 15 de agosto de 1822 se celebró la festividad en la Iglesia de la misión de Aix. El P. de Mazenod bendijo, en presencia de una gran congregación de sus jóvenes y otros fieles, una estatua de la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. Es esta estatua la misma a la que recurrimos para largas y frecuentes oraciones: se ha convertido en uno de los objetos más preciados de los orígenes de la familia”. (Rey I, pág. 280)

“En la revista de Misiones O.M.I., de 1908, pág. 279, encontramos la siguiente descripción:

Su cabeza, coronada con doce estrellas, mirando al cielo en actitud de oración. Tiene un velo dorado, del mismo color de su larga túnica y manto. Se muestra como la Inmaculada Concepción con un pie reposando en la luna creciente y el otro aplastando una serpiente. La mano derecha descansa sobre su corazón, mientras la otra está abierta, prodigando gracias sobre sus hijos que eleven sus oraciones hacia ella”.

“En un reporte de la casa Oblata en Aix del 15 de julio de 1889, el Padre Prosper Monnet describe la capilla interna de la iglesia de la Misión en Aix, con el altar de los votos y la “antigua Virgen que sonriera antes sobre nuestro venerado Fundador y actualmente se yergue aún sobre su rico pedestal de mármol…” (Misiones O.M.I., 27, (1889), pág. 285)”.

Yvon Beaudoin, “Madonna Oblata” https://www.omiworld.org/es/lemma/madona-oblata-es/

Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar”. Génesis 3:15

“Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. Libro de las Revelaciones 12:1

“La Virgen recibió la Salvación para que pueda devolverla a los siglos.”    Peter Chrysologu

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EL MINISTERIO A LOS JÓVENES CON MARÍA COMO MODELO DE FE

Después de su ordenación como sacerdote, el Padre Eugenio volvió a Aix y dedicó su ministerio a llevar a los más abandonados a relacionarse con Jesús el Salvador.  Su misión principal fueron los jóvenes de Aix y cerca de 300 estudiantes de preparatoria y universitarios se unieron a su congregación de jóvenes, teniendo una participación muy comprometida.

Estatua en la Iglesia de la Madeleine, donde los jóvenes rezaron por la recuperación de Eugenio

El P. Lubowicki muestra cómo el ministerio del joven sacerdote con la juventud estaba consciente de la presencia de María.

“Dieciséis meses después de la ordenación, el 25 de abril de 1813, Eugenio funda la Asociación de la juventud. Los reglamentos y estatutos que compone están impregnados del pensamiento de María. Ya en las primeras líneas se dice que se trata de una “sociedad establecida bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen“. Eugenio acostumbra a los jóvenes a ver en María a la Madre de Jesús y “también la nuestra“, una madre llena de ternura, que por ese título desea “cooperar a [nuestra] salvación“. En la Asociación “se hace profesión de honrar y amar” a María con “una ternura filial sin límite“. Tiene una idea muy clara de lo que es el amor: la confianza que lleva a abandonarse del todo en manos de la persona amada. Por eso dice que los asociados “profesan abiertamente [a María] la más entera dedicación”. En la cumbre del culto mariano, propone “consagrarse […] a la Santísima Trinidad […] por manos de la Santísima e Inmaculada Virgen María”. Para él, consagrarse “a la Santísima Trinidad” es la forma más radical de seguir a María, totalmente dedicada a la Trinidad y disponible para su proyecto de salvación. Por otro lado, consagrarse “por las manos “de María es la más alta expresión de confianza en ella, porque esa actitud nace de la certeza de que la Virgen santa no nos retendrá para sí, sino que nos ofrecerá a Dios” (1 Co 3, 21b-23).

C. Lubowicki, “Maria”, Diccionario de Valores Oblatos http://www.omiworld.org/dictionary.asp?v=11&vol=1&let=M

Dichos jóvenes no eran futuros sacerdotes, sino laicos que se preparaban para carreras seculares. ¿Podemos inspirarnos en su nivel de compromiso y reevaluar el propio?

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LA GRACIA DE LA OBLACIÓN EN EL MOMENTO MISMO EN QUE MARÍA PRESENTA AL SALVADOR AL MUNDO

El 23 de diciembre de 1809, Eugenio hizo un compromiso definitivo hacia el sacerdocio, al ser ordenado subdiácono. En una conferencia ese día, ligó el compromiso de ofrecerse por completo al servicio del Pueblo de Dios, con la entrega del Salvador en la Encarnación.

“Esos sentimientos que la gracia de la ordenación ha hecho brotar en nuestros corazones, vamos hermanos míos, a depositarlos a los pies de la cuna de Jesús que va a aparecer. Seamos el primer objeto que vean sus ojos al nacer, en el instante mismo en que María presenta al mundo a su Salvador. Jurémosle con una sola voz ser eternamente fieles al juramento que acabamos de hacer, de dar mil veces la vida por la defensa de la inviolabilidad de su Iglesia.
Así sea, así sea”.

 Conferencia para el día de la ordenación al subdiaconado, Diciembre 23, 1809,
EO XIV n 65.

Durante sus años en el seminario, con frecuencia vuelve a Eugenio el tema de la unión de María con Jesús y como modelo de su propia unión con Jesús.  La mañana de Navidad escribió a su madre:

“¡Ah! mi querida mamá ¿puede creer que he estado con usted anoche? Y meditando tanto sobre la santa Madre de nuestro Dios, que acaba de recibir gran consuelo al dar al mundo a su Salvador, y al mismo tiempo sentir tan vivamente la pobreza, la indigencia y la miseria en la que vio a su divino Maestro humillado por amor a los hombres, ¿cómo no acercarme a usted tan tiernos sentimientos? Sí, mi buena madre, hemos pasado juntos la noche al pie del altar, que para mí era el pesebre de Belén;  juntos ofrecimos nuestros dones al Salvador, pidiendo nacer en nuestros corazones y fortalecernos en nuestras debilidades, etc.”.

Carta a su madre, Diciembre 25, 1809, EO XIV núm. 37

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HONRAR A MARÍA SIGNIFICABA CONTEMPLAR EN ELLA LA VIDA DE JESÚS Y TRATAR DE QUE JESÚS HABITARA EN NOSOTROS COMO HABITABA EN MARÍA

Respecto a la formación espiritual de Eugenio, Lubowicki escribe:

“Juan Santiago Olier, fundador del seminario, ha elaborado una espiritualidad en la que ponía de relieve que el sacerdote es alter Christus, y por tanto alguien que sigue a Cristo en todo, incluso en su relación con María. Uno de los principales motivos que llevó al Sr. Olier a la devoción mariana fue “el deseo de entrar en los sentimientos de Nuestro Señor para con su santa Madre”. Por eso los sulpicianos procuraban que cada uno de los sacerdotes formados por ellos pudiera decir: “No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Ga 2, 20). María era presentada como el modelo de esa actitud, puesto que Cristo habitó en ella en el sentido más pleno de la palabra. En la espiritualidad del seminario, “honrar a María” significaba, pues, contemplar en ella la vida de Jesús y tratar de que Jesús habitara en nosotros como habitaba en María. La mejor expresión de esta espiritualidad mariana cristocéntrica parece darse en la oración “O Jesu, vivens in Maria”, que se rezaba después de la meditación. Se puede decir que las ideas que contiene constituyen la esencia de la espiritualidad mariana sulpiciana, en la cual fue formado Eugenio.

Casimir Lubowicki, “María” en el Diccionario de valores oblatos,http://www.omiworld.org/dictionary.asp?v=11&vol=1&let=M

 Eugenio quiso que los Oblatos dijeran esta oración todos los días, convirtiéndose en una parte de nuestra tradición espiritual:

“Oh Jesús, que vives en María:
ven a vivir en nosotros, tus siervos,
con tu Espíritu de santidad,
con la plenitud de tus dones,
con la perfección de tus caminos,
con la realidad de tus virtudes,
con la comunión de tus misterios.
Domina en nosotros sobre todo poder enemigo,
por tu Espíritu Santo, para gloria del Padre. Amén”.

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CONFIÓ A MARÍA SU VIDA COMO SEMINARISTA

A los 26 años y al concluir su camino de conversión y de discernir que Dios le llamaba a convertirse en sacerdote, Eugenio se dirigió al Seminario de San Sulpicio en París.

Eugenio escribió una dedicatoria en la primera página de sus notas de estudio en el seminario:

“A mayor gloria de Dios y de la Virgen Inmaculada. Bajo los auspicios de esta Virgen concebida sin pecado…para que éstos y antes que éstos la Madre Inmaculada me asistan en el difícil curso de los estudios”

 Traité de la pénitence, Ms. Oblate General Archives, DM-III 8a

Así como María reflexionó y aprendió de la presencia de Jesús en su vida, Eugenio quiso también tener la misma actitud en sus estudios como seminarista.

Después de un año como seminarista, Eugenio reflexiona en su diario sobre el lugar de María en su espiritualidad:

“Pero la devoción a la Santísima Virgen debe superar a todas las demás, porque esa gloriosa Madre de Dios la llama la Iglesia, nuestra vida y nuestra esperanza. Es moralmente imposible que una alma pueda hacer algún progreso en los caminos de la perfección si está desprovista de esa tierna y sincera devoción para la Santísima Madre de Dios”.

 Consejos Generales para alcanzar la perfección, notas tomadas en 1809, EO XIV n.39.

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