LA CONVERSIÓN DE BABEAU ACERCÓ A OTRAS A LOS SACRAMENTOS

La conversión de Babeau había sido tan poderosa, que ahora ejercía toda su autoridad sobre las mujeres del mercado para llevarlas también a la conversión.

Eugenio administraba todos los lunes por la mañana el Sacramento de la Confirmación en su capilla, y anota asombrado en su diario:

“Habría creído que este lunes nadie se presentaría, pues administré el sábado el sacramento de la confirmación. Pero hay que decir que desde que soy obispo no ha pasado un solo lunes sin que haya confirmado a algún adulto en mi capilla. Hoy eran no sé cuántas mujeres del mercado, que vuelven en gran número a practicar la religión. La asociación formada por el P. Barelle bajo la advocación de Santa Ana cuenta ya con novecientas de esas buenas mujeres, que son como otros tantos apóstoles para atraer a sus compañeras. Nunca habría creído que tantas mujeres del pueblo vivieran alejadas de los sacramentos”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Marzo 17, 1845, EO XXI

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BABEAU: REINA DEL MERCADO

Una de las cooperadoras más coloridas del Obispo Eugenio en su auxilio a los pobres, era la vendedora de pescado conocida como Babeau. El biógrafo Rey nos da algunos detalles:

En 1843 el Padre Barrelle predicó los sermones de Cuaresma en la Iglesia de la Trinidad y tuvo el consuelo de convertir a una mujer del mercado, conocida en Marsella con el nombre de Babeau o Elisabeth. Nada sucedía sin su autorización: era la reina del mercado. «Para mí, hacer recapacitar a una mujer”, decía, «es menos que nada, pero aplacar a un hombre con mis golpes y cuando ya está en el suelo darle más, eso “es lo mío”. Tales hazañas, acompañadas de gritos y maldiciones, eran su día a día. 
 
Al volver a Dios, se dedicó por completo al apostolado que le inspiró el Padre y normalmente llevaba a diario cinco o seis nuevas conquistas al confesionario, a veces más. Para asegurar la perseverancia de los conversos, se fundó la Congregación de Santa Ana. En menos de dos años la asociación tuvo un crecimiento prodigioso.»

Rey página 204

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LA CARIDAD ABARCA TODO, Y ANTE LAS NUEVAS NECESIDADES, DE SER PRECISO, SURGEN NUEVOS RECURSOS

Hemos analizado algunas respuestas del Obispo Eugenio a los nuevos rostros de los pobres en su diócesis de Marsella y a diez años de su nombramiento, en una Carta Pastoral a la diócesis, mira atrás a las obras de misericordia que ya funcionaban. Fue una comprensión increíble de las necesidades humanas de la segunda ciudad más grande de Francia y de la respuesta de los Misioneros Oblatos:

“Maravíllense ante la multiplicación de estas buenas obras, ¡tantas instituciones nuevas con objetivos antes desconocidos! Niños, ancianos, enfermos, pobres, trabajadores que luchan a lo largo del día, inocentes en peligro, el vicio repugnante que lleva al remordimiento, jóvenes encarcelados ya iniciados en los hábitos que llevan a delinquir, culpables avezados en el crimen, incluso el hombre acaudalado tan necesitado de Dios en su lecho de muerte.
 
La caridad abarca todo, y ante las nuevas necesidades, de ser preciso, surgen nuevos recursos: de ayuda espiritual y corporal, alimento para el alma y el cuerpo; de instrucción ante la ignorancia; de consejo, guía y apoyo ante la debilidad; de refugio para la virtud o la penitencia; de piedad, dulce consuelo, fortaleza sobrenatural para los moribundos y todo tipo de bondad prodigada en nombre de Jesucristo.
 
No olvidamos el celo y la generosidad de tantas asociaciones de piadosas damas que apoyan nuestros establecimientos de caridad en la ciudad de Marsella, donde se distinguen por tan perfecto espíritu y todas las virtudes de la mujer cristiana…
 
Todas las diferentes obras de bondad prodigadas en nombre de Jesucristo”.

Obispo Eugenio de Mazenod,  Carta Pastoral, Febrero 7, 1847, Marsella

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UN SANTO PATRON PARA LOS OBLATOS ASOCIADOS EN EEUU

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DIOS AYUDA AL BUEN PADRE PARA TRIUNFAR EN EMPRESAS EN LAS QUE FRACASARÍA EL MÁS HÁBIL

Como respuesta a las necesidades de las empleadas domésticas pobres, el Obispo Eugenio fue el instrumento y fundó a las Hermanas de la Compasión, en colaboración con el P. Jean François Barthès, S.J.

“Visité el establecimiento de las nuevas Hermanas de la Compasión y es evidente que Dios ayuda al buen Padre Barthès para triunfar en empresas en las que fracasaría el más hábil”.

Deseaba que su diócesis tuviera la completa participación de los laicos en las diferentes obras de misericordia, y trataba en lo posible, de proveerles de religiosos que les apoyaran. La fundación de las Hermanas de la Compasión tuvo como objetivo apoyar el ministerio con las empleadas domésticas.

“No obstante, le he recomendado no descuidar la Obra de las Domésticas. Esencialmente por esta obra  adopté a esta nueva orden, o mejor dicho, le permití formarse bajo mi auspicio y autoridad”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Junio 29, 1845, EO XXI

 «Al llegar a Marsella en 1843, Jean-François Barthès encontró una comunidad de Hermanas de la Sagrada Familia de Bordeaux que habían sido llamadas a la ciudad por Eugenio de Mazenod, Obispo de Marsella, para hacerse cargo de los enfermos en sus casas y de establecer una casa para jovencitas que habían ido del campo a la ciudad para trabajar como empleadas domésticas. Luego, el Obispo de Mazenod pensó en crear una congregación autónoma, dedicada por completo a la obra de las empleadas domésticas y encomendó la tarea a Barthès, quien creó la congregación el 25 de junio de  1843 en Marsella; fue erigido como instituto diocesano justo el 16 de junio de 1845, el mismo día en que las primeras doce postulantes recibieron el hábito religioso de manos del obispo«. https://fr.wikipedia.org/wiki/Sœurs_de_Notre-Dame_de_la_Compassion_de_Marseille

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OBRAS DE CARIDAD: ESTA NO SERÍA LA ÚLTIMA

 Eugenio, como Misionero Oblato, al «ver al mundo a través de los ojos de Cristo Crucificado» siempre estuvo cerca de la gente de su diócesis y al tanto de sus necesidades espirituales y materiales, a las que respondió estableciendo varias Obras de Caridad para los diferentes grupos de personas.

“Al explicar el fin de esta obra, no temí anunciar a quienes podrían extrañarse de la propuesta de una nueva, que no sería la última”.

Diario de Eugenio de Mazenod, Enero 31,1845, EO XXI

Esta declaración es importante, pues presenta tres marcas distintivas del alcance episcopal de Eugenio a las necesidades de su gente:

1/ En primer lugar, su respuesta práctica a las necesidades de grupos específicos de personas, siempre fue crear una obra de caridad. En este caso, fue la «Oeuvre des Domestiques» (Obra de las Empleadas Domésticas). Aclara que continuará el proceso por el resto de su vida.

2/ En segundo lugar, el día de la entrada en su diario, había ido a la Capilla de la Misión de Francia, que había convertido en un centro de reuniones para todas las obras de caridad que carecían de un lugar especial para reunirse, brindando así la estructura y administración para todos los grupos que estableció y que involucraba a tantas personas como fuera posible para encargarse de una necesidad en particular.

3/ En tercer lugar, era creativo al responder y deseaba que participaran tantas personas como fuera  posible. Para apoyar el trabajo de los laicos, buscó llevar a la diócesis a las congregaciones religiosas enfocadas a grupos específicos de necesitados. Cuando ninguna estaba disponible, se convertía en el instrumento y fundaba nuevas congregaciones religiosas en su diócesis. A esto se refiere la entrada de hoy en su diario.

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QUE LA CARIDAD COMPENSE TODA DESAVENIENCIA EN EL CRISOL DE LA RELIGIÓN

“Mi querido Padre Martín, caí de las nubes al recibir tu carta. Estaba muy lejos de suponer los problemas en que te he puesto”.

Eugenio había transferido al Padre Martin a la comunidad de Aix en Provence y estaba sorprendido al saber que el cambio no había sido positivo. Parecía que el Padre Martin y el Padre Courtès habían tenido un malentendido cuando se encontraba en Aix anteriormente.

“No hace mucho manifestaste sentimientos del todo contrarios y recuerdo quedar tan complacido que lo hice notar. Creía tener la certeza de que lo sucedido hacía bastante tiempo estaba totalmente olvidado, como en efecto debería ser”.

Como Superior General, Eugenio tenía experiencia en las dificultades que algunos de los Oblatos tenían entre ellos y su actitud era instarles a trabajar en el bien común.

“¿Dónde estaríamos si tales rencores se perpetuaran? Pronto tendríamos que vivir solos, pues las quejas que crees tener contra el P. Courtés, otros pretenden tenerlas contra ti, y no terminaría nunca. Que la caridad compense toda desavenencia en el crisol de la religión”.
 
“En cuanto a mí, estoy decidido a suponer que no se puede actuar en forma diferente a lo que el deber exige. Te invito por el amor de Dios, a no dejar entrever ni en Aix, ni en otras partes, ningún desagrado  por lo que estoy obligado a pedirte. En ello va la paz y el bien de todos. El espíritu de tu vocación te hará comprenderlo”.

Carta al P. José A. Martin, Enero 10, 1845, EO X núm.  865

«La paz y el bien de todos”: buenos indicadores que recordar cuando tengamos desafíos interpersonales.

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CONFÍO ESE INTERÉS A MARÍA

«Cuando Mons. Guibert llegó a la diócesis de Viviers en 1842, el abate Deschanels, capellán del santuario, pedía ayuda. Además, los padres jesuitas de la casa de Lalouvesc no se daban abasto para responder a las peticiones de misiones parroquiales. Mons. Guibert, muy apegado a su familia religiosa, decidió confiarles la atención del santuario y las misiones en una parte de su diócesis. El consejo general aceptó con agrado esa obra que tan bien correspondía a los fines de la Congregación. Leemos en el acta de la sesión del 14 de enero de 1845: «Es un santuario de María, nuestra santa Madre y Patrona, que se trata de realzar y adonde nuestra Congregación está llamada para realizar el mismo bien que en los otros lugares de peregrinación que se le han confiado […] Al estar en los límites de las diócesis de Viviers, de Nîmes y de Mende, la casa será digna del celo de los nuestros que van a conformar el personal […]” (https://www.omiworld.org/es/lemma/notre-dame-de-bon-secours-1845-1994-es/)

El santuario no solo abarcaría los aspectos del carisma Oblato en cuanto a la predicación de misiones parroquiales y un centro permanente de misión de devoción Mariana, sino que además traería nuevas vocaciones a los Oblatos para ser enviados a Canadá como misioneros. Eugenio lo narra por carta al Obispo de Montreal:

“Crea mi querido Señor, que he sacrificado cuanto he podido para seguir los designios del Señor para la santificación de las almas de nuestros queridos canadienses, de los Obispos de esas regiones del Norte y de los indígenas. No tengo que privarme en Europa de enriquecer la familia con buenos sujetos. Para lograr vocaciones hay que darse a conocer en diócesis diferentes a aquellas que nos proporcionaron vocaciones y que se han agotado. Hace años que me han propuesto el servicio del santuario de la Santísima Virgen, desde donde nuestros misioneros se extenderían por la diócesis y donde se establecerían para predicar misiones como lo hacen ya en Aix, Marsella, Frejus, Avignon, Valence, Grenoble, Digne y Ajaccio.

Acabo de aceptarlo ahora, tanto para promover la devoción a Virgen, como para reclutar si es posible, algunos buenos individuos. Pero carezco de personal para la fundación y confío ese interés a María”.

Carta al Obispo Bourget de Montreal, Febrero 6, 1845, EO I núm. 51

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ENTONCES DEBEMOS CRECER PARA NO DESAPARECER PRONTO

Como Superior General, el Fundador tenía reuniones regulares con el Consejo Oblato para tomar decisiones. Las minutas de enero de 1845 comienzan con una extensa declaración de la pobreza en la Congregación que casi no contaba con fondos y había tenido grandes gastos para alimentar y vestir a  “casi sesenta jóvenes”, que eran los juniors en Lumières, novicios en L’Osier, y escolásticos en Marsella. A pesar del enorme gasto, se decidió aceptar el ministerio y la administración del santuario de Notre-Dame de Bon Secours en la Diócesis de Viviers.

Eugenio lo describe al Padre Courtès en Aix:

“Hasta el punto en que ayer en el Consejo estábamos por renunciar a la fundación de la Blachere. La fuerte opinión de Tempier era abandonar este proyecto, no sólo por carecer de sujetos, sino que sin fondos, nos es imposible pagar una construcción tan costosa.

Yo me opuse con fuerza a ello, pues no solo impediría a la Congregación hacer un gran bien, sino que nos quitaría de golpe un recurso necesario para incrementar nuestros números.

Nuestra experiencia ha sido que en todas partes donde nos hemos establecido atrajimos un gran número de excelentes individuos, pero esas minas ya se agotaron. Mira en Aix, ¿cuántos sujetos buenos han salido de ahí, pero desde cuándo no ha habido más? Lo mismo ocurrió en Gap; Marsella ha cubierto su cuota y el seminario es el que nos provee. Entonces debemos crecer para no desaparecer pronto”.

Carta al P. Hippolyte Courtès en Aix en Provence, Enero 4, 1845, EO X núm. 864

Yvon Beaudoin hace un comentario en el pie de nota de esta carta: «Es interesante observar cómo al P. Tempier, procurador general, le preocupaba endeudar a la Congregación y, en consecuencia, insistía en no extralimitarse aceptando un lugar donde habría que construir viviendas de inmediato. Sin embargo, el Fundador mostró tener una visión más amplia, más audacia y más celo, permitiendo a sus hijos ejercer su ministerio en una nueva región, a pesar de los pocos recursos de la Congregación en cuanto a hombres y dinero».

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LA FAMILIA VA CRECIENDO POCO A POCO Y ES BUENO, PUES LAS NECESIDADES SON MUY GRANDES Y MUY URGENTES POR TODAS PARTES

En Francia se acostumbra intercambiar buenos deseos en el Año Nuevo, y Eugenio le escribió al Padre Courtès para hacerlo.

“Mi querido Courtés: Para que no ocurra hoy como todos los días, que no me dan tiempo para escribir, lo hago a la luz de la lámpara, mucho antes de la aurora. De no haberlo hecho, estaría aun más contrariado por retrasarme en desearte feliz año nuevo, aunque sabes que la misa del primer día del año está consagrada a esos deseos para todos a quienes el Señor me ha dado”.

También le comparte las buenas noticias del crecimiento de la familia Oblata.

“Este año tuve el consuelo de recibir la profesión de uno de nuestros jóvenes irlandeses, rodeado por sus veintidós Hermanos. Mientras se realizaba la ceremonia, el regimiento tocaba en mi patio piezas deliciosas, que contribuía a dar a la fiesta una solemnidad insólita y muy imponente. Creo que en l’Osier se recibía la profesión del Hno. Coste a la misma hora, y esperamos la del Hno. Fabre el 17 de febrero.

Así la familia va creciendo poco a poco, y es bueno, pues las necesidades son muy grandes y muy urgentes por todas partes”.

Carta al P. Hippolyte Courtès en Aix en Provence, Enero 4, 1845, EO X núm. 864

El «joven irlandés» era Louis Marie Keating, quien sería uno de los fundadores de la misión Oblata en Ceylán, donde permaneció como misionero por 35 años.

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