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NO HAY PORQUÉ LAMENTARSE CUANDO SE HA HECHO LO MEJOR POSIBLE
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NUESTRA ALMA SE UNE A LOS FELICES TRANSPORTES QUE HACE EL CIELO PARA ALEGRARSE POR LOS PECADORES QUE SE CONVIERTEN
Martes de la segunda semana de Adviento
«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”
Mt 18:12-13
La solicitud que os debemos, al ocupar constantemente nuestros pensamientos con el dolor causado por la pérdida de tantas almas que han caído de los caminos de la salvación, es a menudo recompensada con los más dulces consuelos. Cuando veamos que la gracia obra poderosamente entre ustedes y difunde tanto la luz en las mentes como la caridad en los corazones, cuando la infinita misericordia del Señor se manifieste con brillo en el seno de nuestro rebaño, y cuando la oveja perdida que creíamos extraviada vuelva al redil y sea devuelta a nuestro amor entonces nuestro júbilo es grande, podemos decir, como San Pablo, que «rebosamos de alegría» (2 Cor 7,4), pues nuestra alma se une a los felices transportes que hace el cielo para alegrarse por los pecadores que se convierten.
Eugenio de Mazenod, Carta pastoral sobre las misiones, 1844
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NO HAY QUE DEJAR NADA POR OSAR
Lunes de la segunda semana de Adviento
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de entrar, para colocarlo delante de él; pero como no encontraban por dónde meterlo a causa de la muchedumbre, subieron al techo y por entre las tejas lo descolgaron en la camilla y se lo pusieron delante a Jesús.
Lc 5:19-20
“No hay que dejar nada por osar, para promover, para llevar más lejos el Reino de Cristo”.
Eugenio de Mazenod, Prefacio de las Reglas de 1826
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ABRIRSE CON AMOR PARA RECOGER LA SEMILLA DIVINA
Viernes de la primera semana de Adviento
Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos.
Mt 9:28-30
A menudo la acción de la gracia precede a la predicación del Evangelio, y los corazones ya conmovidos sienten, a los primeros acentos de esta maravillosa predicación, la necesidad no sólo de abrirse con amor para recoger la semilla divina que se les envía desde el Cielo, sino también de producir sin demora los frutos de la penitencia que luego vienen a revelarse con todas las características de una conversión sincera
Eugenio de Mazenod, Carta pastoral sobre las misiones, 1844
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LA SANTA PALABRA HA ANIMADO A LOS QUE LA HAN RECIBIDO
Jueves de la primera semana de Adviento
El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.
Mt 7:24-25
Esta santa palabra resuena con los efectos más admirables en nuestra diócesis; se ha escuchado en las aldeas y en el campo, así como en la ciudad episcopal, y se ha sentido que, transmitida de Jesucristo a sus Apóstoles, no ha perdido nada de su eficacia en el paso de los siglos; Se sintió que, viniendo de la boca de aquel que es en sí mismo «vida eterna», sigue siendo «espíritu y vida» (Jn 6,64), ha animado a los que la han recibido; ha sido como una luz celestial que ha venido a investir sus almas y les ha hecho conocer la verdad
Eugenio de Mazenod, Carta pastoral sobre las misiones, 1844
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LLAMADAS PARA SEGUIR LAS HUELLAS DE LOS APÓSTOLES Y PROPAGAR EL CONOCIMIENTO Y EL AMOR DE JESUCRISTO
Fiesta de San Andrés, Apóstol
Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Mt 4:18-19
Qué ministerio más hermoso que formar en la virtud y sobre todo en las virtudes religiosas esas almas de élite llamadas por Dios para seguir las huellas de los Apóstoles y propagar el conocimiento y el amor de Jesucristo. ¡Cuánto puede uno mismo aprovechar al conducir a los otros a la perfección! Eso es lo que has recibido en herencia. Felicítate, mi querido hijo, y cuenta con la asistencia de Dios en ese precioso ministerio
Carta al padre Dorey, maestro de novicios, 15 de octubre de 1848, EO X n 990
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COLMADO DE LOS DONES DE MI SALVADOR
Martes de la primera semana de Adviento
Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: “Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven. Porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron”.
Lc 10:23-24
Desde el feliz momento en que, regenerado en las aguas saludables del bautismo, fui elevado a la augusta dignidad de hijo de Dios, colmado de los dones de mi Salvador, podría contar mejor los movimientos sucesivos y precipitados de mi respiración que el número de los inestimables beneficios que ese adorable Maestro derramó sobre mí a manos llenas.
Conferencia espiritual, 19 de marzo de 1809, EO XIV n 48
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ABRAZAMOS LA TIERRA ENTERA CON NUESTROS APÓSTOLES
Lunes de la primera semana de Adviento
“Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos”.
Mt 8:11
Imposible encontrar una reunión de más prudentes y más fervorosos hijos. Voy a enviar seis a Texas, cuatro al Río Rojo y tres a Ceilán. Los ordenaré sacerdotes antes de su muy próxima salida, pues todos son diáconos. Nunca hemos tenido tantos en la Congregación. Realmente abrazamos la tierra entera con nuestros apóstoles cuyo celo y dedicación me arrancan lágrimas de alegría y de ternura. Van felices de ser elegidos para anunciar la Buena Noticia sin dar la impresión de hacer el menor sacrificio. ¿Cómo no admirar la obra del Espíritu Santo en esas almas generosas?
Carta al Padre Charles Baret, 24 de enero de 1852, EO XI n. 1098
[NOTA: Cada año, alrededor de estas fechas, hago una pausa en la reflexión cronológica diaria sobre los escritos de San Eugenio. Este año he pensado en hacer una «pausa», pero con un enfoque diferente: una cita diaria de san Eugenio asociada al Evangelio del día del tiempo litúrgico].
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ES OTRO YO
La presencia de los Oblatos en Inglaterra inició repentinamente y con base frágil, con la llegada del recién ordenado e inexperto Padre Daly. Para Eugenio fue difícil encontrar Oblatos que pudieran aprender y hablar inglés en tan poco tiempo. Con el crecimiento, era necesario asegurar la presencia de un Oblato maduro para consolidar la fundación. El elegido fue el Padre Casimir Aubert, quien no podía dejar sus compromisos en Francia, pero pasaría largos períodos de visita en Inglaterra. Eugenio escribió al Sr. Phillipps:
“El Padre Aubert, a quien he otorgado los poderes de visitador, tendrá el honor de verle y de charlar con usted sobre todo cuanto interesa al bien de la religión en su región. Es otro yo, cuyos méritos usted ya conoce”.
Carta al Sr. Ambrose Lisle March Phillipps, Grâce-Dieu Manor, Julio 2, 1846, EO XIII núm. 107
«Alter ego» es una expresión latina traducida por Eugenio como «otro yo», con lo que daba a entender que el Oblato había comprendido del todo el espíritu y forma de gobierno del Fundador y tenía el poder de tomar decisiones cuando no fuera posible consultar a Eugenio. Consideraba a todos a los que elegía como fundadores de nuevas misiones o nombrados visitadores oficiales en países fuera de Francia, como su «alter ego”. Eugenio tenía un gran respeto por Casimir Aubert.
El P. Michael Hughes nos da algunos detalles en cuanto a esta nueva empresa de los Oblatos en Inglaterra.
«Ambrosio Phillipps quería establecerse en Grace Dieu como director de un centro desde el cual los sacerdotes pudieran ir a convertir a los locales…
El 5 de septiembre de 1845 la comunidad tomó posesión de The Warren, una casa que el Sr. Phillipps puso a su disposición, cercana a la casa principal. En ella los Padres tenían la privacía necesaria para su vida comunitaria, pero se encontraba bastante alejada de las aldeas donde trabajaban, por lo que Ambrosio acordó construir una nueva residencia adyacente a la capilla Holy Cross en Whitwick…
Los primeros miembros de la comunidad fueron los Padres Perron, superior, Naughten, el Hno. Bayeul, y un sacerdote secular de Marsella, el Abad Coussinier. Los Padres Cooke y Tamburini, con John Noble que aún no había sido ordenado sacerdote, llegaron a la comunidad en julio de 1846″.(https://www.omiworld.org/es/lemma/grace-dieu-inglaterra-1845-1848/)
Aunque con un comienzo sencillo, la provincia Anglo-Irlandesa fructificaría con misioneros Oblatos para todos los países de habla inglesa en el mundo.
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ES UN VERDADERO REGALO QUE LE HAGO Y PONGO EN ÉL GRANDES ESPERANZAS PARA EL BIEN DE LA MISIÓN
Eugenio anotó en su diario:
“1° de julio. El P. Cooke, sacerdote irlandés de nuestra congregación a quien ordené el otro día, vino a despedirse de mí antes de ir a Inglaterra. Es un excelente religioso y un hombre capaz, que hará mucho bien en la misión. Hizo un primer ensayo de apostolado con los ingleses que trabajan en St. Henri y ha hecho volver a la Iglesia a muchos de ellos”.
Diario de Eugenio de Mazenod, Julio 1°, 1846, EO XXI
Después, en una carta al Sr. Ambrose Phillipps, uno de los bienhechores de los Oblatos en Inglaterra, Eugenio escribió:
“Me siento feliz, Señor, de darle hoy una nueva prueba de mi interés por su misión. Envío a Grace Dieu a dos excelentes religiosos de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada. Uno es francés y el otro irlandés. Ambos tienen mucho mérito; sin hablar del primero, le diré que el P. Cooke es un hombre distinguido por sus conocimientos y piedad. Acaba de mostrar su celo con una colonia inglesa que llegó a trabajar para el ferrocarril, logrando ingresar a varios en el seno de la Iglesia. Le satisfará su porte modesto y digno, su conversación y buen juicio; en una palabra, es un verdadero regalo que le hago, y pongo en él grandes esperanzas para el bien de la misión…
No quiero terminar sin agradecer todas las bondades que continúa prodigando a nuestros Padres. Ellos se lo agradecen, al igual que yo. Si Dios lo permite, espero poder agradecérselo en persona, haciéndole una pequeña visita en Grace Dieu el año próximo”.
Carta al Sr. Ambrose Lisle March Phillipps, Grâce-Dieu Manor, Julio 2, 1846, EO XIII núm. 107
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