CON LAS PALABRAS “OH, DULCE VIRGEN MARÍA”, DIO SU ÚLTIMO SUSPIRO
“Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
“Siempre la veremos como madre”, escribió Eugenio cuando oficialmente nos convertimos en Misioneros Oblatos de María Inmaculada después de la aprobación papal en 1826. Nos pidió tenerle una “devoción tierna y filial”. A lo largo de toda su vida María le acompañó, hasta su último suspiro, mientras todos rezaban la oración Salve Regina.
Eugenio falleció al rezar el Salve Regina, en las palabras: “Ea, pues señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre, ¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, ¡Oh, dulce siempre Virgen María!”.
El Padre Fabre describe el momento:
“Rezamos el Salve Regina completo, que nuestro bienamado Padre comprendió y siguió. En las palabras “y después de este destierro, muéstranos”, abrió los ojos ligeramente; en cada invocación: ¡Oh, clemente!, ¡oh, piadosa!, hizo un ligero movimiento; en el tercer ¡Oh, dulce siempre Virgen María! dio su último suspiro. Su hermosa alma se encontraba en presencia de Dios”.
(Carta Circular a la Congregación, Mayo 26, 1861)
Por su cercanía de toda la vida con María, con seguridad ella le acompañó al fruto de su vientre, Jesús. Aprendamos a verla como madre y como compañera de fe en nuestro trayecto cristiano, para ver al fruto de su vientre al final, en nuestra muerte.
“María Inmaculada es la patrona de la Congregación. Dócil al Espíritu, se consagró enteramente, como sierva humilde, a la persona y a la obra del Salvador. En la Virgen que recibe a Cristo para darlo al mundo del que es única esperanza, los Oblatos reconocen el modelo de la fe de la Iglesia y de la suya propia. La tienen siempre por Madre. Viven sus alegrías y sufrimientos de misioneros en íntima unión con ella, Madre de misericordia. Dondequiera que los lleve su ministerio, tratan de promover una devoción auténtica a la Virgen Inmaculada, que prefigura la victoria definitiva de Dios sobre el mal”. C10
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