EN NUESTRO DISTANCIAMIENTO SOCIAL, ESCUCHAR EN SILENCIO PROVIENE DE Y VUELVE A UN PROFUNDO AMOR

En  Juan 21:1-14, vemos que los discípulos habían vuelto a su ocupación como pescadores y Jesús Resucitado se les apareció en medio de su actividad cotidiana. Al principio no lo reconocieron, pero el amor abrió sus ojos.

San Eugenio siempre amó a Jesús Resucitado, presente en su Palabra.  En 1837, antes de convertirse en Obispo de Marsella, recordó 55 años de escuchar con amor la Palabra de Dios:

Te doy gracias, Señor, por haber hecho brotar tanta luz de tus sagradas Escrituras.  Al indicarme el camino que debo seguir y dándome el deseo de hacerlo, me prodigarás la gran ayuda de tu gracia.

René Motte OMI, quien realizó un estudio del papel de las Escrituras en la vida de San Eugenio, nos aconseja cómo podemos cultivar la misma actitud de los discípulos en el tiempo de Jesús y de Eugenio, como su discípulo.  Las circunstancias actuales nos permiten pasar más tiempo con la Palabra de Dios en esta actitud de amor:

El silencio es necesario para escuchar a Jesucristo, que habla en la Biblia. Escuchar en silencio es generoso, animado por un amor profundo. Esto es lo que los oblatos [ed. y todos los miembros de la Familia Mazenodiana] están llamados a experimentar «en la alegría», dice el fundador. Felices de estar en la intimidad de Cristo, saboreando su palabra. Entonces la boca hablará de la abundancia del corazón (cf. Mt 12, 34). Así, la lectura de la Escritura no se reduce a un estudio, sino comprende el contexto de un encuentro con Cristo y es, por tanto escuchar su palabra, recibida como un mensaje personal.

“Sagrada Escritura” en el Diccionario de Valores Oblatos: https://www.omiworld.org/es/lemma/escritura-sagrada/

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